Timo andaba desanimado, esto de la adopción cada vez lo obsesionaba más. Cada cierto tiempo comenzaba a venir gente a ver a los niños, el orfanato estaba de moda y a final de mes ya venían en promedio tres parejas a la semana a ver algún niño. La mayor novedad fue que Pietra Poisson fue adoptada por una familia irlandesa. Philip tenía reuniones todos los días y estaba estrictamente prohibido escuchar luego del incidente anterior. De hecho ahora mismo el tutor estaba en su oficina hablando con una familia.
-¿Qué tal si vamos a escuchar un poco lo que dicen?- Seth estaba aburrido junto a Brent y Timo un día de mediados de febrero, afuera en el jardín. Los niños esbozaron una sonrisa al ver la propuesta de Seth y juntos caminaron hasta la ventana.
-Espera, ya nos pillaron una vez, ideemos un plan mejor- propuso Brent. Pensaron unos minutos hasta que Timo rompió el silencio:
-Ya sé, síganme.
Fueron hasta la cocina y sacaron pajitas de las que usaban para tomar leche. Luego sacaron un embudo que tenía polvo por que nadie lo usaba y con estos materiales idearon su herramienta. Juntaron todas las pajitas y al final le pusieron el emboque.
-Seth pon la punta de la pajita en la ventana, pero tienes que entreabrirla.
El pelirrojo corrió al patio y sigilosamente abrió un poco la ventana, puso la pajita y volvió donde sus compañeros. Los tres se pusieron a escuchar.
-No oigo nada
-Yo sólo murmullos.
-¡Ya sé!- dijo entusiasmado el rubio, Timo, pero luego su gritó de júbilo quedó opacado por su desilusión- pero necesitaríamos que no hubiera nadie en la oficina.
-¿Porqué?
-Porque para que se escuche mejor deberíamos poner un vaso plástico del otro lado y conectarlo con la pajita, ahí se escucharía perfecto.
-Pero es imposible que no se den cuenta.
Se escuchó un ruido de puertas y Philip salió de la oficina junto a una pareja muy joven.
-Bueno, piénsenlo y me llaman.
-Si, gracias Philip lo pensaremos harto.
Philip lo guío hasta la puerta y cuando ésta estuvo cerrada soltó un suspiro, luego se dio vuelta y vio a los tres amigos con este artefacto peculiar en el piso de la cocina.
-¿Me pueden explicar qué es esto?
-Es un… - titubeó Brent.
-Es una pajita gigante para tomar leche desde el segundo piso- corrigió Timo, sonriente.
-Ufff... que tienen imaginación ustedes- respondió el tutor, volvió atrás y entró al baño del pasillo.
-Corran, ahora o nunca.
Seth, como era pequeño y ágil, agarró el vaso plástico que ya tenía un agujero al fondo y corrió a la oficina. Allí tomó la pajita y le insertó el vaso, ya listo, lo escondió tras una maceta. Se escuchó el ruido de la cadena del inodoro, Seth corría peligro. Timo y Brent fueron hasta la salida del baño y distrajeron al tutor:
-¿Sabes que afuera hace frío?- le comentó el niño de pelo negro al tutor.
-Si, deberías ir a decirle a los chicos que vengan adentro- agregó Timo.
-Tienen razón, ya es hora de entrar
Luego los dos se dieron cuenta de que la pajita estaba conectada afuera, es decir, desde el patio a la ventana y Philip podría notarlo, Timo se antepuso y le cortó el paso.
-No te preocupes, yo voy, tú estás muy ocupado hoy al parecer- en ese mismo instante en que el tutor le daba la espalda a la puerta de su oficina, Seth salió disparado hacia la cocina.
-Gracias Timo, te lo agradezco- el tutor se devolvió y entró a su oficina cerrando la puerta tras él.
Los tres bandidos se tiraron al suelo de la cocina y suspiraron.
-Estuvo cerca.
-Muy cerca.
-Ahora sólo debemos esperar hasta la próxima reunión de Philip para escuchar todo lo que dicen.
Timo fue a decirles a los de afuera que entraran, Seth subió arriba a abrigarse y Brent agarró una silla de la cocina y la puso en el pasillo. De pronto, suena el teléfono celular de Philip y el niño alcanza a escuchar:
-Si, estoy esperándolos no se preocupen lleguen cuando quieran.
Cuando el adulto terminó de hablar, Brent corrió a avisarles a sus compañeros de que venía una familia en camino.
A las 9 de la noche y después de comer, suena el timbre del orfanato. Los tres niños estaban escondidos tras las escaleras esperando a que la oficina fuera ocupada. El resto de los niños estaban arriba jugando póker. Philip sale al encuentro de sus visitas y les abre la puerta. Una señora de tamaño normal, con cabello castaño y un abrigo de aspecto caro entra al pasillo. Atrás venía un señor bastante alto de cabello casi rubio y aspecto simpaticón. Philip les da la bienvenida y los invita a pasar a su oficina. Cuando ya no había rastro de ellos, Seth, Brent y Timo corrieron hasta la cocina a escuchar.
-Estoy seguro que a ellos ya los había visto- dijo Brent entre susurros.
-Si, vinieron como hace un mes, él jugó futbol con nosotros y era de nuestro equipo- dijo Timo.
-Ah, ahora recuerdo, esos que te hablaban todo el rato a ti, Timo.
-Nada que ver, solo me preguntaron cosas y luego jugué un poco de ajedrez con la señora- se acercó al embudo y agregó- ahora escuchemos.
Luego de concentrarse un poco se escuchaban murmullos pero eran distinguibles.
-Discúlpanos por la tardanza pero el avión se atrasó.
-No se preocupen, Los Ángeles queda muy lejos, están excusados. Por eso mismo vamos a intentar hacer esto rápido para que no tengan que volver a viajar.
-Si ya reservamos una semana en el hotel Plaza espero que una semana sea suficiente para que el trámite esté listo- decía la voz de un hombre- como yo te decía en el teléfono, el asistente social nos evaluó perfectamente y sin problemas y luego de la tercera visita nos confirmó que estábamos aprobados.
-Yo calculo que de aquí a cuatro días máximos me van a llegar los papeles de confirmación, pero antes me gustaría saber si es que están completamente seguros de su decisión porque al parecer no estaban muy convencidos la vez pasada que nos reunimos.
-Si estamos seguros, ya lo pensamos y hablamos con Lisa y Preston, están muy entusiasmados con la idea de un nuevo hermano y de esta edad- confirmó la voz de la señora.
-¿Cuántos años tienen Lisa y Preston?
-16 y 9 respectivamente.
-¿Y porqué quieren tener un hermano ahora?
-Mira, yo perdí a un hijo cuando ya llevaba ocho meses de gestación, la verdad fue muy triste y siempre mis niños les hubiera gustado tener un hermano más de la edad del que hubiera sido el otro. ¿Me entiende?
-Si le sigo perfecto, es decir, un hermano de 15.
-Exacto, además, Lisa no es muy popular que digamos, le cuesta hacer amigos y yo creo que una compañía de su edad le haría mejor, Preston es demasiado chico como para que sean íntimos amigos.
-¿Y qué opina Preston con respecto a esto de la adopción?
-Lo encuentra genial, esto de darle mejor vida a un huérfano. Y con respecto a adoptar a un niño de 15, le encanta la idea- comentó la mujer.
-Mi hijo siempre le ha costado moldear su personalidad- agregó la voz varonil- le gusta tener un modelo a seguir pero nunca lo ha tenido, sólo el de su hermana pero no es la de un hombre. En cambio, con un hermano mayor le sería todo más fácil, bueno, claro, si el ejemplo del hermano es digno de seguir.
-Se me había olvidado, que descortés. ¿Quieren algo para beber luego de tan largo viaje?
En ese intermedio aprovecharon los tres niños para hacer algunos comentarios:
-¿De quién están hablando?
-Puede ser de Gabriel, Ray, Timo o yo- aclaró Brent.
-Que nervios, esto parece película de suspenso.
-Ojala que seas tú, brother- dijo el niño de pelo negro dándole palmaditas en la espalda.
-¿Porqué?
-Lo necesitas más que cualquiera de nosotros- la cara de Timo indicaba negación.
-Shht, cállense y escuchemos- dijo Seth.
-…con un poco más de azúcar por favor, Philip- dijo la voz femenina- Eso si, te tenemos que decir algo más que se nos ocurrió a mi esposo y a mí. Pero no sé si no es muy común.
-Dígame, dígame- insistió el tutor.
-Queremos que nuestro futuro inquilino no se sienta ajeno a la familia, por lo tanto, estuvimos pensando si podríamos preguntarle a él si quiere probar un tiempo en la familia y conservando su apellido y todo sea un acompañante más en la casa, o si le da igual y quiere ser adoptado enseguida.
-Nuestro miedo es que se arrepienta y se nos escape el asunto de las manos- agregó la voz masculina.
Luego de escuchar esto los tres amigos se miraron entre sí.
-Bueno, algo relacionado con el tema, les quería contar algo bastante importante sobre Timoteo…
Brent y Seth abrazaron amistosamente a Timo y él, entusiasmado, sonreía. Por el embudo se escuchaba un ruido de papeleo, era Philip buscando algo.
-Aquí está, miren esto por favor… Yo ya sabía que ustedes estaban al tanto de esto, pero lo que no sabían y puede ser delicado es que Timoteo es un cleptómano.
Se escuchó el ruido de un algo roto, como un vaso, y se perdió la conexión. Brent miró preocupado a Timo y él respondió rápidamente:
-¿¡Qué es un cleptómano?! ¿Qué le dijo éste tarado a mi futura familia?- salió corriendo de detrás de las escaleras y entró a la sala de estar del orfanato. Revolvió entre los libros y luego de tirar un par al piso, encontró un diccionario. Buscando en la “C” encontró cleptómano y se llevó una gran sorpresa al ver lo que decía:
“Tiende patológica y obsesivamente al hurto de objetos sin que influya el valor de los mismos”
El chico de cabellos dorados enfureció, dio la vuelta y vio a sus amigos Brent y Seth mirándolo desde el umbral.
-Ser un cleptómano no es tan malo, le pasa a mucha gente… -intentó arreglar Brent.
Timo salió de la sala furioso y dando grandes zancadas, subió las escaleras y entró al cuarto de los hombres. Fue a su clóset y sacó su pantalón regalón de cotelé, tres poleras, un pijama, dos polerones y los metió a una mochila. Luego de sacar ropa interior y calcetines, bajó al primer piso donde estaban Brent y Seth mirándolo paralizados.
-¿¡Qué pretendes?!- dijeron al unísono.
-Si aquí nadie me va a conseguir una familia por que no olvidan mi pasado, yo mismo tendré que buscarme una, seré independiente, no me valdré de nadie- dijo firmemente. Los dos amigos no entendían nada e intentaron detenerlo, pero fue inútil. Timo entró a la sala de estar, tomó un libro que parecía de su interés y se fue al pasillo, abrazó a sus amigos y se marchó por la puerta. Ante esta acción, el pelirrojo y el de cabello negro quedaron paralizados mirando como su mejor amigo se iba a vagar por las calles.
Al salir a la calle, Timo empezó a correr por si sus amigos lo perseguían. Corrió tres cuadras más allá y comenzó a caminar por pasadizos y callejuelas.
Estaba enfurecido, estaba confundido, pero no sabía porqué. ¿Era por el hecho de que Philip lo había llamado ladrón? ¿O porqué le había dicho a su futura familia que había sido un bandido? Y seguramente eso es lo que le había dicho Philip a Carol y a Felp, los de Seattle, cuando tenía que “Aclararles algo sobre Timo” era que él era un cleptómano. Y también todo ese ruido de papeleo que se escuchaba era el tutor buscando el historial de vida de Timo. Ese que el oficial McKinnon le entregó un día. Por eso que nadie quería adoptarlo. Timo reaccionó y se fue, era lo mejor, era la única forma de que alguna vez alguien lo quisiera.
Caminó hasta el final de una calle sin salida y tocó cinco veces en una puertecilla de madera.
-¿Quién es?
-Timoteo Fuentealba, soy un socio de DJ-Narvax.
-¿Qué quieres?
-Pasar la noche aquí.
-Entra.
Timo entró al cobertizo y se encontró con un olor a cigarro impresionante. Avanzando unos pasos y esquivando el humo, se encontró cara a cara con Narvax.
-¿Qué haces aquí a estas horas Fuentealba? ¿No deberías estar durmiendo en tu orfanatito?- le dijo en tono burlón.
-Necesito dormir aquí. ¿Me podrías prestar un colchón?- imploró Timo.
-Epa, epa, aquí nada es gratis. Se necesita esfuerzo y dedicación, somos hombres de trabajo…
-Ya dime que quieres que te traiga.
-Dos cajetillas.
Timo salió del cobertizo con cara de disgusto. Al llegar afuera pensó que no quería volver a robar, nunca más lo volvería a hacer. Caminó sin rumbo por las calles y al encontrar un pasaje protegido del frío se sentó a dormir. ¿Por qué estaba haciendo esto? ¿Qué pretendía? ¿Dormir en las calles hasta que lo encuentre una familia y lo quiera adoptar? Eran algunas de las preguntas que rondaban por la cabeza del chico. Finalmente se logró quedar dormido y se despertó a los 20 minutos desorientado, no sabía donde estaba. Cuando se dio cuenta, se entristeció y comenzó a extrañar su cama, sus amigos e incluso a Philip. Pero ya estaba perdido y no tenía idea de donde estaba. Lo único que recordaba es que el cobertizo de Narvax quedaba a unas cinco calles más allá en un pasaje. Intentó seguir durmiendo pero no pudo, estaba sufriendo ahí en el duro cemento. Se resignó y decidió ir a conseguirle los cigarros a su socio.
Caminó por las calles hasta que encontró un negocio que estaba abierto, el señor que atendía leía un libro a lo que Timo aprovechó y sacó dos cajetillas de cigarros que estaban a la vista en el estandarte. El señor no se dio cuenta y Timo continuó caminando tranquilo por la calle. Pero un sentimiento de culpa lo invadió, no pudo seguir caminando, era un ladrón. Volvió por la calle y entró sigilosamente al negocio y dejó en el mismo lugar los cigarrillos. Pero esta vez el señor lo vio, y al mismo tiempo que el chico salía corriendo, el señor lo perseguía con el teléfono celular en la mano. Timo corrió lo más rápido que pudo, saltó una pandereta y se escondió al otro lado. Escuchó como el señor pasaba por la calle y decía:
-No sé que me robó pero salió corriendo muy sospechoso, espero que lo encuentren, era rubio, como de 16 o 17 años, llevaba una polera blanca y unos jeans.
El señor había llamado a la policía, estaba frito. En 10 minutos aparecieron autos con sirenas y lo encontraron enseguida.
El oficial de la comisaría interrogó a Timo, pero él no dijo nada. Lo único que mencionó fue el numero de teléfono del orfanato.
-¿Hablo con el tutor de Timoteo Fuentealba?-dijo el oficial por el teléfono- Tenemos a Timoteo en la comisaría N°23, no nos quiere decir que se robó pero si usted desea puede venir a buscarlo o pasa la noche aquí- el oficial asintió y agregó- ya, entonces lo esperamos aquí.
El oficial miró cara a cara a Timo y él no bajó la vista.
-Dime firme chico. ¿Qué te robaste?
-No robé nada.
-Nadie sale corriendo de un negocio por que si.
-No robé nada.
-Dime, no te pasará nada si me dices.
-No me robé nada.
El oficial no quiso insistir y esperó a que llegara el tutor.
El reloj de la comisaría marcaba las 3:23 de la mañana cuando la puerta de entrada chirrió y entró Philip corriendo, lo seguían una melena rojiza y una negra. El adulto corrió donde estaba sentado Timo y lo abrazó tan fuerte que le costaba respirar.
-¡Que bueno que estás bien!- dijo mientras lo abrazaba, Timo lo empujó y Philip se alejó- Fuiste un tonto.
-Tú fuiste un tarado.
-¿Qué? ¿Qué te robaste esta vez?
-Nada, te lo juro.
-Entonces, ¿Por qué estás aquí?
-Resulta que… es una larga historia.
-Pues empieza rápido- dijo el oficial acercándose.
Timo comenzó su relato desde que salió del orfanato y no olvidó ningún detalle. Cuando terminó, el oficial, sorprendido agregó:
-Que bueno que no te quisiste llevar los cigarros, por que de otro modo estarías durmiendo donde este amigo tuyo en un lugar lleno de humo.
-Si y tengo que hablar contigo seriamente- dijo en tono grave Philip- ahora oficial, si me disculpa, fue todo un malentendido.
-Adiós y que no se repita.
Mientras salían de la comisaría los amigos le daban palmadas en la espalda al chico, pero éste se alejaba. Cuando llegaron al auto comenzó la discusión:
-¿¡Por que te escapaste así nada más?!
-Por que le dices a todas las familias que soy un ladrón, entonces quise ser independiente e irme de ahí para conseguir mi propia familia. Le dijiste a mi futura familia que soy un cleptómano y del susto quebraron la taza donde estaban tomando café- dijo Timo en el asiento delantero del coche.
-Eres un tonto, lo que se quebró fue el macetero que estaba en la ventana y ahí ustedes perdieron conexión. Pero el señor y la señora XXXX me dijeron que no les importaba tu oscuro pasado y que ibas a empezar desde cero- dijo el tutor dulcemente.
-¿Pero que quieren decir con eso de conservar mi apellido y ser un inquilino en la familia?
-Ellos no quieren que te sientas comprometido, si no te sientes a gusto puedes volver al orfanato. Resulta que ellos viven en un barrio que no es fácil incorporarse entonces no te quieren hacer sentir incómodo.
-Que bueno que se pongan de mi lado.
-Si, son súper comprensivos. En dos días vendrán a verte para ver qué opinas y comenzaremos los pasos finales del trámite. Entonces en marzo ya podrías estar viajando a Los Ángeles.
-Eso significa que… -Timo cambió de tono y ahora mas tranquilo continuó- ¿Me van a adoptar?
-Si y te vamos a extrañar cabeza de pichí- dijeron sus amigos.
lunes 23 de febrero de 2009
martes 17 de febrero de 2009
Seattle
A la mañana siguiente todo se realizó normal, Rose levantó a todos los niños y niñas sin mayores complicaciones, pero lo difícil fue vestirlos a todos decentemente; las mujeres llevaban vestidos floreados, en cambio, los hombres llevaban una camisa a cuadros con unos shorts, todos los hombres menos Timo, se negó a vestirse como los demás. A las diez de la mañana ya estaban tomando desayuno. Más tarde cada uno se fue a hacer sus cosas.
-¡Hola! Que bueno que llegaron- dijo Phillip a la pareja- pásenme sus abrigos por favor.
-Hola- respondió la mujer, era alta y esbelta- Hoy es el gran día- su voz sonaba amigable y suave.
-Si, estamos bastante nerviosos- confesó su marido.
-Bueno entonces no demoremos más y acompáñenme por el pasillo- dijo guiando a la pareja por el orfanato.
Llegaron a un grupo de niñas que pintaban en el cuarto de manualidades, la señora se sentó al lado de Marisa y agregó:
-¡Que linda tu pintura!
-Muchas gracias- dijo la niñita, luego, incorporándose le comentó- está casi acabado, si quieres, te lo regalo.
-Oh, sería muy lindo de tu parte- dijo encantada.
Mientras tanto, su marido estaba hablando con Pietra y Gretel, al parecer estaban teniendo una buena conversación sobre por qué hace tanto frío en invierno.
Cuando ya habían pasado unos veinte minutos, Phillip los invitó al patio, allí estaban casi todos los chicos jugando a las escondidas. La pareja preguntó si podían jugar y se fueron a esconder con los demás, el caballero, corpulento y grande se escondió atrás de un arbusto donde estaba Alfred escondido.
-¡Auch! Cuidado conmigo señor- dijo el niño de cuatro años en susurros.
-Discúlpame por favor, no te vi.
-No se preocupe, generalmente nunca me ven- respondió sonriendo.
Por otro lado, atrás de la parrilla, estaba la señora escondida junto a Kyle. De pronto, el niño salió del escondite y la mujer dijo murmurando:
-¡No salgas! Te van a encontrar enseguida.
-Es que mi hermano Alfred nunca se esconde solo, no se donde pueda estar.
-No te preocupes después lo encontraremos.
Al final del juego, Alfred y el señor corpulento seguían escondidos por lo que se coronaban campeones. Kyle ya estaba sudando por que su hermano no aparecía lo que tenía preocupada a la mujer.
Luego de despedirse de el grupo que jugaba al escondite, marido y mujer subieron al segundo piso adonde estaban los mayores hablando.
-Hola a todos, yo soy Carol.
-Y yo Felp.
-Hola- respondieron todos.
-Él es Ludvig, Brent, Ray, Richard, Chad, Timoteo y yo soy Seth.
-Tengo que felicitarlos, todos están muy bien vestidos con sus camisas a cuadros, pero… ¿Porqué tu no vistes igual Timoteo?- dijo Carol.
-La verdad, si ustedes venían, quería que sepan como soy y no como les gustaría que fuese, y yo me visto como me gusta.
Todos los chicos lo miraron desafiantes, estaba siendo muy descortés. Pero para su sorpresa Felp respondió:
-Que bien que tengas tu propia personalidad, yo era igual cuando joven, me recuerdas mucho a mi mismo.
-La diferencia es que yo soy bastante más delgado.
De nuevo Timo se robó la mirada de sus compañeros, demasiado descortés.
-Si, eso es muy bueno, la verdad, cuando chico me molestaban por mi panza, eres muy afortunado con lo flaco que eres.
-A ver niños, cuéntenme. ¿Cómo les va en la escuela?
-Bastante bien- dijo Chad- tuve la mejor calificación anual de mi clase.
-Yo mas o menos- dijo Brent- pero me dieron el premio de esfuerzo al final del año.
-Yo voy a una escuela de deportes, la verdad, me va mal en matemáticas pero en todo lo respectivo a movimiento soy el mejor- dijo Seth rascándose su pelo colorín.
-¿Y tú Timoteo?
-A mi me expulsaron de mi último instituto.
-Ah, pero eso es muy común, no te preocupes- lo consoló Carol.
-Claro, eso es común en mi, este año es el quinto instituto nuevo de mi vida- respondió el niño, desafiante.
-Pero seguro que este año lo harás increíblemente bien- agregó Felp- sígueme quiero decirte algo en secreto Timoteo.
Ambos se pararon y caminaron afuera de la habitación, luego Felp en susurros le dijo:
-Carol no sabe, pero a mi también me expulsaron de muchas escuelas, creo que unas cuatro.
-¿Eras tonto o qué?
-¡Ja, ja, ja! Me gusta mucho la confianza que tienes, la verdad era muy inquieto, me robaba cosas y me escapaba de clases.
-Ah… -Timo cambió de tono- a mi me pasa un poco lo mismo.
-Bueno, a mi me pasó eso porque mis padres de separaron y fue muy difícil para mi- su voz sonaba temblorosa, pero carraspeó y agregó- pero me recuperé, comencé a estudiar, hacer deportes y luego pude entrar a Stanford y llegar a médico como soy ahora.
-Oh, felicitaciones… Espero poder hacer lo mismo- dijo el chico rubio con una sonrisa.
-Que bueno que te guste la idea Timoteo.
-Puedes decirme Timo si gustas.
-Gracias Timo, eres muy simpático.
Juntos entraron en la habitación donde estaban todos hablando de los sabores del chocolate.
-A mi me encanta el amargo.
-Nunca lo he probado.
-Pero el de leche es el mejor
-Ahí vuelve Felp- dijo Carol.
-Ya que hablan de chocolates- sacó una bolsita de su bolsillo- tengo aquí algunos. ¿Quieren?
-Siiiiiiiiiii- respondieron. La verdad el chocolate era la pasión de los chicos.
Cuando la pareja ya se había ido hacia un nuevo grupo de niños, todos se quedaron en silencio con cara de enfurecidos. Timo lo notó y preguntó:
-¿Qué les pasa? ¿Por qué la cara de amargados?- dijo sonriendo.
-La verdad fuiste demasiado antipático con ellos.
-Si, tú nunca eres así.
-¿Pero en qué les influye a ustedes?- respondió confundido.
-Bueno, la verdad, yo estoy enojado porque aunque los trataste pésimo, ellos seguían interesados en ti.
-No lo creo, la verdad, me arrepentí de haberlos tratado mal, ahora si quiero una familia.
Todos cambiaron su semblante serio por una sonrisa.
-¡Que bueno! La verdad parece que ellos estaban muy interesados en ti, es probable que quizás te elijan- dijo Brent tocándole el hombro.
-¡Seria genial! Son muy simpáticos- agregó Seth.
-Si y podríamos ir a visitarte de vez en cuando
Timo se había emocionado, quizás si lo elegirían a él.
-Cambiando de tema. ¿Vamos afuera a jugar ping pong?- preguntó Brent.
Todos se pararon y comenzaron a correr, menos Brent que le agarró la polera a Timo y no lo dejó avanzar.
-Timo, estuve pensando; si tuvieras una familia, no tendrías que robar más, ya no te sentirías solo.
-Pero si no robo por eso, acá no me siento solo.
-Entonces, ¿Por qué robas?
-Ehm… no lo sé.
-Por lo menos, si tuvieras una familia, no tendrías que robar, ellos te darán todo- aclaró su amigo.
-Gracias por decirme, Brent, la verdad, estuve pensando, si me adoptan, me daría pena no ver tu horrible cara todos los días- dijo bromeando.
-A mi también me daría pena no ver tu espantoso cabello color pipí todo el día- dijo despeinándolo completamente, juntos se fueron abajo a jugar ping pong.
Horas más tarde, la pareja y Philip estaban en una reunión en su oficina. Brent, Timo y Seth querían escuchar lo que decían, por lo tanto, fueron a la ventana que daba a la oficina, la abrieron de a poco y comenzaron a escuchar:
-¿Y cómo estuvo su recorrido por el orfanato?- era la voz de Philip.
-Fue muy bueno, conocimos a todos los chicos, son muy simpáticos, sin excepción- dijo la voz de la mujer.
-Si y se veían muy bien vestidos todos iguales- respondió la voz que parecía ser la de Felp- excepto Timo que estaba con otra ropa.
-Ah, si, bueno, el tiene sus propias ideas.
-Si y me encantó eso de él, creo que tiene una personalidad increíble, tiene una sonrisa contagiosa y es bastante inteligente a mi gusto- agregó Felp.
-Si, Timo es un buen chico aunque él no quiera serlo- comentó la señora.
-Bueno y, ¿Les llamó la atención algún otro niño?- preguntó el tutor.
-Si claro, Marisa es una niña muy dulce.
-Y también Alfred, el pequeño, es muy tierno.
-Entonces, ustedes estarían interesados en Timoteo Fuentealba, Marisa XXX y Alfred Hazen- resumió Philip.
-Si, pero no sabemos cuál elegir. Espero que podamos terminar el papeleo hoy, ya que el viernes volvemos a Seattle.
-Si, claro, ustedes por haber estado organizando la adopción desde hace tiempo ahora el trámite es mucho más corto, de hecho, mañana por la tarde ya pueden pasar a recoger al niño.
-¡Oh, que bien!- la voz de la mujer sonaba emocionada- ¡Al fin a llegado el momento!
-Si, pero antes de que se decidan por uno de estos tres, tengo que aclararles algo sobre los niños, comenzando por Timo… - se escuchó un sonar de hojas y Philip abriendo cajones, finalmente, encontró lo que buscaba- Aquí esta…
-¡Brent, Seth, Timo! ¿¡Qué hacen ahí?!- Rose estaba mirando como los tres amigos escuchaban por la ventana, la muchacha tenía los brazos cruzados y parecía enfurecida. Los tres chicos salieron corriendo y Rose los siguió.
Timo estaba nervioso, le sudaban las manos y no podía dormir, eran las 7 de la mañana. Quizás, al día siguiente, estaría rumbo a Seattle con una familia nueva, la verdad, la idea le parecía genial. Podría tener una nueva vida y surgir como persona, dejar de robar y salir adelante. Todo eso le llenaba de emoción el pecho, pero, pensar en dejar el lugar lo ponía triste. Ayer luego de que Rose pasara por la casa un rato nada más (por que ella nunca está en las tardes) y los encontrara escuchando por la ventana, corrieron a contarle a Marisa y Alfred que eran posibles candidatos. Éste último estaba triste, por que si lo elegían no podría volver a ver a su hermano, además, Seattle queda bastante lejos de NY y las visitas no serían muy a menudo.
Pero el tema que tenía más preocupado a Timo era el comportamiento de Philip cuando estaban terminando de escuchar la conversación. “Tengo que aclararles algo sobre Timo” fue lo que les había dicho. ¿Cuál sería la aclaración? ¿Les habrá aclarado a la pareja ese comentario o les habrá opacado la posibilidad de adoptarlo? ¿Marisa y Alfred también tenían “aclaraciones? Esas eran algunas de las preguntas que vagaban por la mente del chico. Luego de tanto pensar y confusiones en su cabeza, en el reloj de Timo marcaban las 9:30 AM. Se escuchó un movimiento de sábanas y dos chicos salieron silenciosamente hacia las duchas, eran Glenn y Ray que iban a preparar el desayuno.
Timo se levantó de primero a las 10. Luego de ducharse eligió su mejor ropa, pantalones grises y camisa de rayas blancas con celestes, y bajó al primer piso junto con el resto. En el desayuno todos estaban ansiosos por la partida de algún miembro del grupo. A primera vista todos querían quedarse allí, donde estaban cómodos, pero un nuevo hogar los entusiasmaba. A las 10:30 comenzaron a comer, pero Philip no estaba en el orfanato y Rose estaba a cargo.
-Brent, Seth y Timo van a retirar la mesa y lavar los platos esta vez niños, el resto puede salir a jugar luego de lavarse los dientes- dijo Rose mirando con una sonrisa amplia a los tres chicos. Ellos, comprendiendo que era un castigo por su hazaña del día anterior, se resignaron a hacer sus deberes. Gabriel y Ludvig soltaron un suspiro de alivio y luego de avisar a Rose, salieron en bicicleta a andar por ahí.
-Timo tampoco te hagas muchas expectativas, quizás te decepciones luego- le dijo Brent horas más tarde.
-Tranquilo, brother- así se decían entre ellos- la verdad, entre nosotros… irme a Seattle no me anima para nada.
-Seattle es bastante lindo, pero llueve mucho y no hay mucha juventud, tampoco hay…- Brent se interrumpió al ver la cara de espanto de Timo- Pero es muy lindo- dijo sonriendo.
-Espero- respondió guiñando el ojo.
-¡Vengan adentro, tenemos fiesta de despedida!- gritó Rose desde la puerta trasera.
Todos los niños se miraron desconcertados, ¿Fiesta de despedida?.
Cuando entraron, habían globos en el comedor y la mesa estaba toda decorada, había pavo, ganso y carne, además de ensalada de papas, arroz y huevos. En la cabecera estaba Philip y a su lado la pareja, Carol y Felp, tomados de la mano sonreían a los niños cuando venían llegando. Cuando todos estuvieron sentados, Philip se levantó y comenzó a hablar:
-Estamos todos aquí en esta fiesta de despedida porque se nos va un querido compañero, por que sí, debo decirles que es un niño. Lo extrañaremos mucho y esperamos que tengan una buena vida en Seattle.
-¿Seattle? ¿Dónde queda eso?- preguntó una niñita, al parecer, Cristina.
-Queda casi en la frontera con Canadá, en la esquina superior izquierda de EEUU.
-Aaaah- respondieron a coro los niños.
-Bueno, sin más rodeos, Carol les va a decir quien es un Taylor ahora.
-Hola a todos. Espero que les guste lo que les trajimos para comer. Hoy nos llevamos a uno de los vuestros, pero les quería decir que si cupieran en nuestra casa, me los llevaría a todos. Son unos niños muy dulces y todos muy respetuosos- la voz le temblaba- Nunca había visto una fraternidad tan unida y completa, todos ríen y se portan como una gran familia, la verdad, me encantaron y no duden en que los vamos a visitar muy a menudo aunque tengamos que cruzar todo el país. Sin más rodeos les quería decir que Alfred Hazen se va con nosotros a vivir de ahora en adelante.
Todos aplaudieron y sonrieron al niño que emocionado le corrían las lágrimas, abrazó a su hermano lo más fuerte que le daban sus bracitos y juntos lloraban, pero de felicidad. Kyle se incorporó luego y dijo:
-Muchas gracias, es lo mejor que le pueden hacer a Alfred y estoy muy feliz por él, espero eso si que yo pueda ir a visitarlo de vez en cuando- hablaba con una sonrisa de oreja a oreja y muy seguro miraba a la cara a Carol y Felp, pero éste último le interrumpió cuando el niño quería seguir con su discurso:
-¡Hay! Pero se nos olvidó decir que… ¡También eres parte de nuestra familia!
Todos lo miraron atónito, Kyle no lo podía creer, tenía la mirada congelada.
-¡Los Taylor van a adoptar a los dos hermanos Hazen!- corroboró Philip.
Todos corrieron a abrazarlos y a felicitarlos, y cuando el jaleo estuvo calmado, los dos hermanos corrieron a abrazar a sus padres. Los cuatro lloraron juntos, era el inicio de una nueva familia. Alfred y Kyle estaban muy felices, era lo que más querían, tener padres.
Luego de comer en ese ambiente tan alegre, todos bailaron como nunca y comieron hasta reventar. La fiesta terminó en la noche, cuando la familia Taylor se llevó a sus hijos y todos se despidieron afectuosamente.
Brent se acercó a Timo y le dijo:
-Supongo que estás decepcionado, brother.
-La verdad es que no, no tenía ganas de irme a Seattle.
-Que bueno por que no te lo recomendaba.
-Eso si, ahora si quiero ser adoptado. Es que Kyle y Alfred estaban tan felices que me contagiaron.
-Si, a mi igual.
Ambos estaban sentados afuera, en un banquillo. Timo se imaginaba su vida fuera del lugar, sería todo tan distinto. Aunque solo llevaba medio año en el orfanato ya se había acostumbrado. Había conocido a Brent y Seth que eran los mejores amigos que existían. Si se iba, quizás no los volvería a ver.
-Si adoptan a alguno de los dos, tenemos que mandarnos cartas todas las semanas- dijo Timo rascándose la nariz.
-Claro que si- respondió su amigo echándole la mano al hombro.
-¡Hola! Que bueno que llegaron- dijo Phillip a la pareja- pásenme sus abrigos por favor.
-Hola- respondió la mujer, era alta y esbelta- Hoy es el gran día- su voz sonaba amigable y suave.
-Si, estamos bastante nerviosos- confesó su marido.
-Bueno entonces no demoremos más y acompáñenme por el pasillo- dijo guiando a la pareja por el orfanato.
Llegaron a un grupo de niñas que pintaban en el cuarto de manualidades, la señora se sentó al lado de Marisa y agregó:
-¡Que linda tu pintura!
-Muchas gracias- dijo la niñita, luego, incorporándose le comentó- está casi acabado, si quieres, te lo regalo.
-Oh, sería muy lindo de tu parte- dijo encantada.
Mientras tanto, su marido estaba hablando con Pietra y Gretel, al parecer estaban teniendo una buena conversación sobre por qué hace tanto frío en invierno.
Cuando ya habían pasado unos veinte minutos, Phillip los invitó al patio, allí estaban casi todos los chicos jugando a las escondidas. La pareja preguntó si podían jugar y se fueron a esconder con los demás, el caballero, corpulento y grande se escondió atrás de un arbusto donde estaba Alfred escondido.
-¡Auch! Cuidado conmigo señor- dijo el niño de cuatro años en susurros.
-Discúlpame por favor, no te vi.
-No se preocupe, generalmente nunca me ven- respondió sonriendo.
Por otro lado, atrás de la parrilla, estaba la señora escondida junto a Kyle. De pronto, el niño salió del escondite y la mujer dijo murmurando:
-¡No salgas! Te van a encontrar enseguida.
-Es que mi hermano Alfred nunca se esconde solo, no se donde pueda estar.
-No te preocupes después lo encontraremos.
Al final del juego, Alfred y el señor corpulento seguían escondidos por lo que se coronaban campeones. Kyle ya estaba sudando por que su hermano no aparecía lo que tenía preocupada a la mujer.
Luego de despedirse de el grupo que jugaba al escondite, marido y mujer subieron al segundo piso adonde estaban los mayores hablando.
-Hola a todos, yo soy Carol.
-Y yo Felp.
-Hola- respondieron todos.
-Él es Ludvig, Brent, Ray, Richard, Chad, Timoteo y yo soy Seth.
-Tengo que felicitarlos, todos están muy bien vestidos con sus camisas a cuadros, pero… ¿Porqué tu no vistes igual Timoteo?- dijo Carol.
-La verdad, si ustedes venían, quería que sepan como soy y no como les gustaría que fuese, y yo me visto como me gusta.
Todos los chicos lo miraron desafiantes, estaba siendo muy descortés. Pero para su sorpresa Felp respondió:
-Que bien que tengas tu propia personalidad, yo era igual cuando joven, me recuerdas mucho a mi mismo.
-La diferencia es que yo soy bastante más delgado.
De nuevo Timo se robó la mirada de sus compañeros, demasiado descortés.
-Si, eso es muy bueno, la verdad, cuando chico me molestaban por mi panza, eres muy afortunado con lo flaco que eres.
-A ver niños, cuéntenme. ¿Cómo les va en la escuela?
-Bastante bien- dijo Chad- tuve la mejor calificación anual de mi clase.
-Yo mas o menos- dijo Brent- pero me dieron el premio de esfuerzo al final del año.
-Yo voy a una escuela de deportes, la verdad, me va mal en matemáticas pero en todo lo respectivo a movimiento soy el mejor- dijo Seth rascándose su pelo colorín.
-¿Y tú Timoteo?
-A mi me expulsaron de mi último instituto.
-Ah, pero eso es muy común, no te preocupes- lo consoló Carol.
-Claro, eso es común en mi, este año es el quinto instituto nuevo de mi vida- respondió el niño, desafiante.
-Pero seguro que este año lo harás increíblemente bien- agregó Felp- sígueme quiero decirte algo en secreto Timoteo.
Ambos se pararon y caminaron afuera de la habitación, luego Felp en susurros le dijo:
-Carol no sabe, pero a mi también me expulsaron de muchas escuelas, creo que unas cuatro.
-¿Eras tonto o qué?
-¡Ja, ja, ja! Me gusta mucho la confianza que tienes, la verdad era muy inquieto, me robaba cosas y me escapaba de clases.
-Ah… -Timo cambió de tono- a mi me pasa un poco lo mismo.
-Bueno, a mi me pasó eso porque mis padres de separaron y fue muy difícil para mi- su voz sonaba temblorosa, pero carraspeó y agregó- pero me recuperé, comencé a estudiar, hacer deportes y luego pude entrar a Stanford y llegar a médico como soy ahora.
-Oh, felicitaciones… Espero poder hacer lo mismo- dijo el chico rubio con una sonrisa.
-Que bueno que te guste la idea Timoteo.
-Puedes decirme Timo si gustas.
-Gracias Timo, eres muy simpático.
Juntos entraron en la habitación donde estaban todos hablando de los sabores del chocolate.
-A mi me encanta el amargo.
-Nunca lo he probado.
-Pero el de leche es el mejor
-Ahí vuelve Felp- dijo Carol.
-Ya que hablan de chocolates- sacó una bolsita de su bolsillo- tengo aquí algunos. ¿Quieren?
-Siiiiiiiiiii- respondieron. La verdad el chocolate era la pasión de los chicos.
Cuando la pareja ya se había ido hacia un nuevo grupo de niños, todos se quedaron en silencio con cara de enfurecidos. Timo lo notó y preguntó:
-¿Qué les pasa? ¿Por qué la cara de amargados?- dijo sonriendo.
-La verdad fuiste demasiado antipático con ellos.
-Si, tú nunca eres así.
-¿Pero en qué les influye a ustedes?- respondió confundido.
-Bueno, la verdad, yo estoy enojado porque aunque los trataste pésimo, ellos seguían interesados en ti.
-No lo creo, la verdad, me arrepentí de haberlos tratado mal, ahora si quiero una familia.
Todos cambiaron su semblante serio por una sonrisa.
-¡Que bueno! La verdad parece que ellos estaban muy interesados en ti, es probable que quizás te elijan- dijo Brent tocándole el hombro.
-¡Seria genial! Son muy simpáticos- agregó Seth.
-Si y podríamos ir a visitarte de vez en cuando
Timo se había emocionado, quizás si lo elegirían a él.
-Cambiando de tema. ¿Vamos afuera a jugar ping pong?- preguntó Brent.
Todos se pararon y comenzaron a correr, menos Brent que le agarró la polera a Timo y no lo dejó avanzar.
-Timo, estuve pensando; si tuvieras una familia, no tendrías que robar más, ya no te sentirías solo.
-Pero si no robo por eso, acá no me siento solo.
-Entonces, ¿Por qué robas?
-Ehm… no lo sé.
-Por lo menos, si tuvieras una familia, no tendrías que robar, ellos te darán todo- aclaró su amigo.
-Gracias por decirme, Brent, la verdad, estuve pensando, si me adoptan, me daría pena no ver tu horrible cara todos los días- dijo bromeando.
-A mi también me daría pena no ver tu espantoso cabello color pipí todo el día- dijo despeinándolo completamente, juntos se fueron abajo a jugar ping pong.
Horas más tarde, la pareja y Philip estaban en una reunión en su oficina. Brent, Timo y Seth querían escuchar lo que decían, por lo tanto, fueron a la ventana que daba a la oficina, la abrieron de a poco y comenzaron a escuchar:
-¿Y cómo estuvo su recorrido por el orfanato?- era la voz de Philip.
-Fue muy bueno, conocimos a todos los chicos, son muy simpáticos, sin excepción- dijo la voz de la mujer.
-Si y se veían muy bien vestidos todos iguales- respondió la voz que parecía ser la de Felp- excepto Timo que estaba con otra ropa.
-Ah, si, bueno, el tiene sus propias ideas.
-Si y me encantó eso de él, creo que tiene una personalidad increíble, tiene una sonrisa contagiosa y es bastante inteligente a mi gusto- agregó Felp.
-Si, Timo es un buen chico aunque él no quiera serlo- comentó la señora.
-Bueno y, ¿Les llamó la atención algún otro niño?- preguntó el tutor.
-Si claro, Marisa es una niña muy dulce.
-Y también Alfred, el pequeño, es muy tierno.
-Entonces, ustedes estarían interesados en Timoteo Fuentealba, Marisa XXX y Alfred Hazen- resumió Philip.
-Si, pero no sabemos cuál elegir. Espero que podamos terminar el papeleo hoy, ya que el viernes volvemos a Seattle.
-Si, claro, ustedes por haber estado organizando la adopción desde hace tiempo ahora el trámite es mucho más corto, de hecho, mañana por la tarde ya pueden pasar a recoger al niño.
-¡Oh, que bien!- la voz de la mujer sonaba emocionada- ¡Al fin a llegado el momento!
-Si, pero antes de que se decidan por uno de estos tres, tengo que aclararles algo sobre los niños, comenzando por Timo… - se escuchó un sonar de hojas y Philip abriendo cajones, finalmente, encontró lo que buscaba- Aquí esta…
-¡Brent, Seth, Timo! ¿¡Qué hacen ahí?!- Rose estaba mirando como los tres amigos escuchaban por la ventana, la muchacha tenía los brazos cruzados y parecía enfurecida. Los tres chicos salieron corriendo y Rose los siguió.
Timo estaba nervioso, le sudaban las manos y no podía dormir, eran las 7 de la mañana. Quizás, al día siguiente, estaría rumbo a Seattle con una familia nueva, la verdad, la idea le parecía genial. Podría tener una nueva vida y surgir como persona, dejar de robar y salir adelante. Todo eso le llenaba de emoción el pecho, pero, pensar en dejar el lugar lo ponía triste. Ayer luego de que Rose pasara por la casa un rato nada más (por que ella nunca está en las tardes) y los encontrara escuchando por la ventana, corrieron a contarle a Marisa y Alfred que eran posibles candidatos. Éste último estaba triste, por que si lo elegían no podría volver a ver a su hermano, además, Seattle queda bastante lejos de NY y las visitas no serían muy a menudo.
Pero el tema que tenía más preocupado a Timo era el comportamiento de Philip cuando estaban terminando de escuchar la conversación. “Tengo que aclararles algo sobre Timo” fue lo que les había dicho. ¿Cuál sería la aclaración? ¿Les habrá aclarado a la pareja ese comentario o les habrá opacado la posibilidad de adoptarlo? ¿Marisa y Alfred también tenían “aclaraciones? Esas eran algunas de las preguntas que vagaban por la mente del chico. Luego de tanto pensar y confusiones en su cabeza, en el reloj de Timo marcaban las 9:30 AM. Se escuchó un movimiento de sábanas y dos chicos salieron silenciosamente hacia las duchas, eran Glenn y Ray que iban a preparar el desayuno.
Timo se levantó de primero a las 10. Luego de ducharse eligió su mejor ropa, pantalones grises y camisa de rayas blancas con celestes, y bajó al primer piso junto con el resto. En el desayuno todos estaban ansiosos por la partida de algún miembro del grupo. A primera vista todos querían quedarse allí, donde estaban cómodos, pero un nuevo hogar los entusiasmaba. A las 10:30 comenzaron a comer, pero Philip no estaba en el orfanato y Rose estaba a cargo.
-Brent, Seth y Timo van a retirar la mesa y lavar los platos esta vez niños, el resto puede salir a jugar luego de lavarse los dientes- dijo Rose mirando con una sonrisa amplia a los tres chicos. Ellos, comprendiendo que era un castigo por su hazaña del día anterior, se resignaron a hacer sus deberes. Gabriel y Ludvig soltaron un suspiro de alivio y luego de avisar a Rose, salieron en bicicleta a andar por ahí.
-Timo tampoco te hagas muchas expectativas, quizás te decepciones luego- le dijo Brent horas más tarde.
-Tranquilo, brother- así se decían entre ellos- la verdad, entre nosotros… irme a Seattle no me anima para nada.
-Seattle es bastante lindo, pero llueve mucho y no hay mucha juventud, tampoco hay…- Brent se interrumpió al ver la cara de espanto de Timo- Pero es muy lindo- dijo sonriendo.
-Espero- respondió guiñando el ojo.
-¡Vengan adentro, tenemos fiesta de despedida!- gritó Rose desde la puerta trasera.
Todos los niños se miraron desconcertados, ¿Fiesta de despedida?.
Cuando entraron, habían globos en el comedor y la mesa estaba toda decorada, había pavo, ganso y carne, además de ensalada de papas, arroz y huevos. En la cabecera estaba Philip y a su lado la pareja, Carol y Felp, tomados de la mano sonreían a los niños cuando venían llegando. Cuando todos estuvieron sentados, Philip se levantó y comenzó a hablar:
-Estamos todos aquí en esta fiesta de despedida porque se nos va un querido compañero, por que sí, debo decirles que es un niño. Lo extrañaremos mucho y esperamos que tengan una buena vida en Seattle.
-¿Seattle? ¿Dónde queda eso?- preguntó una niñita, al parecer, Cristina.
-Queda casi en la frontera con Canadá, en la esquina superior izquierda de EEUU.
-Aaaah- respondieron a coro los niños.
-Bueno, sin más rodeos, Carol les va a decir quien es un Taylor ahora.
-Hola a todos. Espero que les guste lo que les trajimos para comer. Hoy nos llevamos a uno de los vuestros, pero les quería decir que si cupieran en nuestra casa, me los llevaría a todos. Son unos niños muy dulces y todos muy respetuosos- la voz le temblaba- Nunca había visto una fraternidad tan unida y completa, todos ríen y se portan como una gran familia, la verdad, me encantaron y no duden en que los vamos a visitar muy a menudo aunque tengamos que cruzar todo el país. Sin más rodeos les quería decir que Alfred Hazen se va con nosotros a vivir de ahora en adelante.
Todos aplaudieron y sonrieron al niño que emocionado le corrían las lágrimas, abrazó a su hermano lo más fuerte que le daban sus bracitos y juntos lloraban, pero de felicidad. Kyle se incorporó luego y dijo:
-Muchas gracias, es lo mejor que le pueden hacer a Alfred y estoy muy feliz por él, espero eso si que yo pueda ir a visitarlo de vez en cuando- hablaba con una sonrisa de oreja a oreja y muy seguro miraba a la cara a Carol y Felp, pero éste último le interrumpió cuando el niño quería seguir con su discurso:
-¡Hay! Pero se nos olvidó decir que… ¡También eres parte de nuestra familia!
Todos lo miraron atónito, Kyle no lo podía creer, tenía la mirada congelada.
-¡Los Taylor van a adoptar a los dos hermanos Hazen!- corroboró Philip.
Todos corrieron a abrazarlos y a felicitarlos, y cuando el jaleo estuvo calmado, los dos hermanos corrieron a abrazar a sus padres. Los cuatro lloraron juntos, era el inicio de una nueva familia. Alfred y Kyle estaban muy felices, era lo que más querían, tener padres.
Luego de comer en ese ambiente tan alegre, todos bailaron como nunca y comieron hasta reventar. La fiesta terminó en la noche, cuando la familia Taylor se llevó a sus hijos y todos se despidieron afectuosamente.
Brent se acercó a Timo y le dijo:
-Supongo que estás decepcionado, brother.
-La verdad es que no, no tenía ganas de irme a Seattle.
-Que bueno por que no te lo recomendaba.
-Eso si, ahora si quiero ser adoptado. Es que Kyle y Alfred estaban tan felices que me contagiaron.
-Si, a mi igual.
Ambos estaban sentados afuera, en un banquillo. Timo se imaginaba su vida fuera del lugar, sería todo tan distinto. Aunque solo llevaba medio año en el orfanato ya se había acostumbrado. Había conocido a Brent y Seth que eran los mejores amigos que existían. Si se iba, quizás no los volvería a ver.
-Si adoptan a alguno de los dos, tenemos que mandarnos cartas todas las semanas- dijo Timo rascándose la nariz.
-Claro que si- respondió su amigo echándole la mano al hombro.
jueves 8 de enero de 2009
Una mañana en el orfanato
A la mañana siguiente, se escuchó la alarma de Dincon por toda la habitación de los hombres.
-¡Dincon apaga eso!
-¡Nosotros queremos dormir!
-¡Vamos Donkey Kong! ¡Haz que deje de sonar!
Entre tanto griterío, Dincon buscaba sus anteojos para encontrar el despertador, cuando al fin los encontró, el niño busco el despertador todos lados hasta que lo encontró bajo la cama, finalmente, con la alarma apagada, los niños soltaron un suspiro e intentaron volver a dormir. Ronnie junto con Dincon fueron a ducharse porque les tocaba hacer el desayuno.
-¡Dincon apaga eso!
-¡Nosotros queremos dormir!
-¡Vamos Donkey Kong! ¡Haz que deje de sonar!
Entre tanto griterío, Dincon buscaba sus anteojos para encontrar el despertador, cuando al fin los encontró, el niño busco el despertador todos lados hasta que lo encontró bajo la cama, finalmente, con la alarma apagada, los niños soltaron un suspiro e intentaron volver a dormir. Ronnie junto con Dincon fueron a ducharse porque les tocaba hacer el desayuno.
Marisa se levantó sigilosamente de su cama y avanzó de cuclillas por el cuarto, llegó a la cama de Gretel y la comenzó a sacudir, pero no se despertaba. La niña roncaba todavía y dormía profundamente. Marisa comenzó a moverla más fuerte y a susurrar:
-Gretel despierta- dijo susurrando, pero la niña no hizo amago de despertar- Vamos Gretel ¡Debemos hacer el desayuno! Greeetel.
-¡Aaaaaaah! ¡¿QUÉ PASA?!- respondió la chica gritando por toda la habitación.
-Hey, ¿Quién grita?
-Si, ¿Qué pasa?
-Apuesto a que fue Gretel de nuevo.
Gretel supo enseguida lo que había provocado entonces, aprovechando que la habitación seguía oscura, salió gateando de la pieza junto a Marisa, a las duchas.
Afuera de las piezas, se encontraron los cuatro chicos, Ronnie, Dincon, Marisa y Gretel, listos para hacer el desayuno. Bajaron al primer piso y se encontraron con Rose:
-¡Hola niños! ¿Durmieron bien?- dijo la señorita, era joven y simpática, venía todas las mañanas a trabajar en el orfanato, limpiaba los muebles y ayudaba a los niños a ordenar, además, se hacia cargo de los jóvenes para que Philip pudiera salir un rato.
-Si… aunque me hubiera gustado seguir- respondió Gretel, todavía somnolienta.
-Es que si no fueras tan perezosa sería mas fácil- dijo Marisa.
-Bueno, vengan por aquí- Rose los guió hasta la cocina- empecemos a trabajar.
Como todos los martes, a ese cuarteto le tocaba preparar el desayuno, los hombres ponían la mesa y las mujeres preparaban los alimentos. Rose los supervisaba nada más porque ellos ya sabían hacerlo bien.
Dincon y Ronnie iban llevando los platos, luego los tazones para el cereal, ponían las cucharas y todo lo que las chicas les iban pasando.
-Aquí traigo el pan- les entregó una bolsa grande y llena que aún estaba caliente, se olía el aroma a pan recién hecho- y compré algo mas- puso sobre la encimera una bolsa, Marisa se acercó y la abrió:
-Pero, ¿Para qué los huevos y la leche?- preguntó Marisa dudosa.
-¡Vamos a hacer panqueques!
Los niños cuatro niños entusiasmados comenzaron a cocinar, Rose les iba diciendo que hacer y pronto aparecieron 35 panqueques. Cuando todo estaba casi listo, Rose, con su pelo rubio y largo, subió las escaleras hasta la pieza de los varones, ahí entró aplaudiendo y abrió todas las cortinas completamente.
-¡Vamos! ¡Arriba todos, a ducharse y vestirse! El desayuno está listo- luego abrió las ventanas de par en par- ¡Aquí hay un olor espantoso! Se nota que son hombres. Miren que lindo el día ¡Y eso que estamos en invierno!
-Rose, ¿En verdad es necesario que hagas esto todas las mañanas?- dijo Ludvig desde el otro lado de la habitación.
-Si, sobre todo hoy.
-¿Por qué?- preguntaron los niños al unísono.
-Porque hicimos panqueques ¡Pero solo hay 10!
Todos los niños se levantaron para ser los primeros en bajar y tener uno de los diez panqueques, pero Timo tomó la delantera, entró al cuarto de las duchas y cerró la puerta de entrada. En el la pieza habían seis duchas para que se bañaran simultáneamente, en la de los hombres no habían cortinas porque no eran pudorosos, en cambio, las mujeres, eran compartimiento individuales.
-Ja, ja, ja, que chistoso Timoteo ahora ¡Sale!- dijo Seth Goldfield, tenía 13 años y mucha personalidad, era alto, su pelo era anaranjado y se distinguía entre todas las cabezas de pequeños que le pedían que abriera la puerta.
-Ya Timo- dijo Brent Foller, el mejor amigo del orfanato del chico, de su misma edad- si me dejas entrar, te doy un pedazo de mi panqueque.
Timo no lo pensó dos veces y lo dejó entrar, pero todos se amontonaron y entraron también, los 17 chicos comenzaron a ducharse en seis llaves de duchas lo que llevó a un caos, Rose se acercó y comenzó a reír:
-¡Ja, ja, ja! ¡Se ven todos muy graciosos ahí, desnudos peliándose las duchas!
-¡HEY! ¡NO MIRES!
-¡Esperen que llamo a las chicas para que los vean!
-¡NOOO!- luego de esa declaración 11 niños salieron de las duchas con su toalla, a esperar
su turno, mientras Timo, Brent, Seth y tres chicos más se quedaron adentro para tomar la delantera y comer los panqueques.
-¡Que vengan las chicas! -dijo Timo danzando por las duchas.
-¡Timo apúrate queremos bañarnos!- gritaron los de afuera.
-Gretel despierta- dijo susurrando, pero la niña no hizo amago de despertar- Vamos Gretel ¡Debemos hacer el desayuno! Greeetel.
-¡Aaaaaaah! ¡¿QUÉ PASA?!- respondió la chica gritando por toda la habitación.
-Hey, ¿Quién grita?
-Si, ¿Qué pasa?
-Apuesto a que fue Gretel de nuevo.
Gretel supo enseguida lo que había provocado entonces, aprovechando que la habitación seguía oscura, salió gateando de la pieza junto a Marisa, a las duchas.
Afuera de las piezas, se encontraron los cuatro chicos, Ronnie, Dincon, Marisa y Gretel, listos para hacer el desayuno. Bajaron al primer piso y se encontraron con Rose:
-¡Hola niños! ¿Durmieron bien?- dijo la señorita, era joven y simpática, venía todas las mañanas a trabajar en el orfanato, limpiaba los muebles y ayudaba a los niños a ordenar, además, se hacia cargo de los jóvenes para que Philip pudiera salir un rato.
-Si… aunque me hubiera gustado seguir- respondió Gretel, todavía somnolienta.
-Es que si no fueras tan perezosa sería mas fácil- dijo Marisa.
-Bueno, vengan por aquí- Rose los guió hasta la cocina- empecemos a trabajar.
Como todos los martes, a ese cuarteto le tocaba preparar el desayuno, los hombres ponían la mesa y las mujeres preparaban los alimentos. Rose los supervisaba nada más porque ellos ya sabían hacerlo bien.
Dincon y Ronnie iban llevando los platos, luego los tazones para el cereal, ponían las cucharas y todo lo que las chicas les iban pasando.
-Aquí traigo el pan- les entregó una bolsa grande y llena que aún estaba caliente, se olía el aroma a pan recién hecho- y compré algo mas- puso sobre la encimera una bolsa, Marisa se acercó y la abrió:
-Pero, ¿Para qué los huevos y la leche?- preguntó Marisa dudosa.
-¡Vamos a hacer panqueques!
Los niños cuatro niños entusiasmados comenzaron a cocinar, Rose les iba diciendo que hacer y pronto aparecieron 35 panqueques. Cuando todo estaba casi listo, Rose, con su pelo rubio y largo, subió las escaleras hasta la pieza de los varones, ahí entró aplaudiendo y abrió todas las cortinas completamente.
-¡Vamos! ¡Arriba todos, a ducharse y vestirse! El desayuno está listo- luego abrió las ventanas de par en par- ¡Aquí hay un olor espantoso! Se nota que son hombres. Miren que lindo el día ¡Y eso que estamos en invierno!
-Rose, ¿En verdad es necesario que hagas esto todas las mañanas?- dijo Ludvig desde el otro lado de la habitación.
-Si, sobre todo hoy.
-¿Por qué?- preguntaron los niños al unísono.
-Porque hicimos panqueques ¡Pero solo hay 10!
Todos los niños se levantaron para ser los primeros en bajar y tener uno de los diez panqueques, pero Timo tomó la delantera, entró al cuarto de las duchas y cerró la puerta de entrada. En el la pieza habían seis duchas para que se bañaran simultáneamente, en la de los hombres no habían cortinas porque no eran pudorosos, en cambio, las mujeres, eran compartimiento individuales.
-Ja, ja, ja, que chistoso Timoteo ahora ¡Sale!- dijo Seth Goldfield, tenía 13 años y mucha personalidad, era alto, su pelo era anaranjado y se distinguía entre todas las cabezas de pequeños que le pedían que abriera la puerta.
-Ya Timo- dijo Brent Foller, el mejor amigo del orfanato del chico, de su misma edad- si me dejas entrar, te doy un pedazo de mi panqueque.
Timo no lo pensó dos veces y lo dejó entrar, pero todos se amontonaron y entraron también, los 17 chicos comenzaron a ducharse en seis llaves de duchas lo que llevó a un caos, Rose se acercó y comenzó a reír:
-¡Ja, ja, ja! ¡Se ven todos muy graciosos ahí, desnudos peliándose las duchas!
-¡HEY! ¡NO MIRES!
-¡Esperen que llamo a las chicas para que los vean!
-¡NOOO!- luego de esa declaración 11 niños salieron de las duchas con su toalla, a esperar
su turno, mientras Timo, Brent, Seth y tres chicos más se quedaron adentro para tomar la delantera y comer los panqueques.-¡Que vengan las chicas! -dijo Timo danzando por las duchas.
-¡Timo apúrate queremos bañarnos!- gritaron los de afuera.
Rose caminó por el pasillo y entró a la pieza de las chicas, el color rosa invadía la habitación y la hacia más amigable que la de los hombres.
La joven rubia avanzó por la habitación y abrió las cortinas, luego dijo:
-Niñas, el desayuno está listo. ¡Hay panqueques!
Una a una se fueron levantando, saludaron a Rose y se fueron a las duchas.
Cuando finalmente convencieron a los seis que se bañaban de que dejaran pasar al resto, Timo avanzó desnudo por la habitación y fue a su closet.
Rose pasó por el pasillo y vio por la puerta abierta:
-¡TIMOTEO! ¡Procura cerrar la puerta antes de circular así por el cuarto!- dijo Rose cerrando la puerta rápidamente y bajando las escaleras.
El chico se ruborizó y formuló una sonrisa, luego abrió su guardarropa. Pantalones de cotelé, jeans y buzos predominaban en el closet, que no era sólo suyo, compartía con Brent Foller, Seth Goldfield, Ray Mastin y Gabriel Osuna, los tres primeros eran los más amigos de Timo, en cambio, Gabriel, era más conflictivo pero simpático a la vez, en el pasado, era drogadicto y llegó al orfanato con 13 años y con una pila de problemas, pero Philip supo lidiar con él y lo convirtió en un niño normal como es ahora, con 16 años, pero igual Gabriel sigue teniendo problemas de conducta y personalidad. Con el que más tiene roces es con Timo.
-Brent me voy a poner tus jeans gastados- le dijo Timo cuando su amigo venía envuelto con una toalla como una falda.
-OK, yo me voy a poner tu camisa con cuadros azules.
-Si claro, no hay problema..
Timo sacó un pantalón de jeans y una polera celeste, iba poniéndose las zapatillas cuando Gabriel vestido aún con pijama le dijo:
-Fuentealba sácate mis pantalones
-¡Pero si son de Seth!
-No, esos son los míos, ahora sácatelos o les vas a dejar tu olor a trasero.
-¡Que buena idea!- Timo salió corriendo de la habitación hacia el primer piso, Gabriel lo seguía pero a paso más lento pues era más pequeño aunque tenía dos años más que él- ¡A ver si me alcanzas!- el chico rubio corrió por el comedor, y el de pelo negro lo seguía enfurecido.
-A ver, a ver ¿Qué pasa aquí?- Philip apareció por la puerta del comedor, vestido y peinado, los miraba con cara de reproche.
-Lo mismo de siempre tío Philip- dijo Marisa que estaba sentada en una silla de la mesa esperando a que llegaran todos a sentarse.
-¡Timoteo se puso mis pantalones!
-Pero si aquí nada tiene nombre, Gabriel- dijo Philip comprendiendo la situación.
-Si me da lo mismo prestárselos pero hoy voy a ver a mi tía abuela.
-Si lo sé, ¿Qué tiene que ver?- preguntó el tutor desconcertado.
-¡Me los regaló ella!
-Timo sácatelos enseguida.
-A sus órdenes capitán- respondió el chico y con su cualidad de bromista, se sacó los pantalones ahí mismo y caminó por el comedor en calzoncillos. Philip corrió a taparle los ojos a Marisa que quedó estupefacta y añadió:
-¡No me refería a TAN enseguida! Póntelos de nuevo y sácatelos arriba.
Brent venía entrando al comedor cuando vio a Timo y dijo:
-¡Woow! ¿A qué jugamos?- luego añadió- Timo creo que mis pantalones de jeans gastados están en el lavadero.
-Corre hasta allí sin que nadie te vea si no quieres que te castigue severamente- le reprochó Philip aún tapándole los ojos a Marisa.
Cuando Timo volvió al comedor habían llegado un par de niños y niñas, esperaban a que todos llegaran a desayunar para no ser descorteses. La mesa era muy larga, cabían exactamente 35 personas, los 17 niños, las 16 niñas, Philip y Rose. Seth moviendo su cabellera anaranjada contaba cuando habían sentados y cuando terminó, exclamó:
-¡Somos justo 10! Nos alcanzan los panqueques.
-Era una broma, Seth, hay 35 panqueques.
Todos los hombres que estaban sentados, Brent, Seth, Timo y Gabriel la miraron con cara de enojo.
-¿Porqué nos dijiste eso?
-¡Es la única forma de que salgan de la cama!
Luego de un par de minutos, fueron bajando cada vez más niños. Richard Marcano, Glenn Robebook, Cristina Forré, Pietra Poisson, Kyle Hazen, Rory Neary, Chad Waits eran algunos de los niños que estaban ya sentados, Rose los contó a todos y eran 32, faltaba uno.
-Kyle, ¿Y tu hermano?
-Ah, se me olvida que no sabe vestirse.
Rose y Kyle subieron al segundo piso y bajaron luego de algunos minutos con Alfred, tenía cuatro años y era el menor del orfanato, movía su pelo negro y parecía un muñequito lindo. Kyle buscó un cojín y se lo puso en la silla a Alfred para que no estuviera tan bajo y se sentó al lado.
-¿Cómo durmieron mis pichones?- preguntó Philip, contento.
-Bieeeen- respondieron al unísono los más pequeños.
Todos empezaron a comer y se escuchaba por todos lados:
-Chad pásame un pan, por favor.
-Cristina tírame un panqueque.
-Ponle mermelada, Glenn, y me la pasas por favor.
-¿Quién quiere leche?
-¡Yo quiero de frutilla!
-¡No seas asqueroso, Richard, lávate las manos después de sacarte un moco!
Así eran las comidas en el orfanato, todos juntos como una gran familia. Los alimentos venían de donaciones de compañías y otras industrias, así se lograba que todos comieran hasta saciarse.
Cuando todos terminaron, Gabriel y Ludvig tenían que lavar porque lo hacían de voluntarios, ellos preferían lavar a levantarse temprano a preparar el desayuno. Ambos se estaban levantando de la mesa cuando Philip dijo:
-No, por favor, siéntense todos, tengo algo que decirles.
Rose tuvo un mal presentimiento e intentó codear a Philip para que no diga nada, pero Philip no le importó y continuó:
-Mañana vienen unos padres, quieren adoptar a alguien.
Todos los niños lo miraron de frente y abrieron mucho los ojos
-¿De qué edad?- dijo Ludvig.
-No lo sé, dijeron que depende del niño, así que mañana quiero que todos estén arreglados para dar una buena impresión y de paso, que quieran adoptar a uno más. Quiero decirles que si se nos va un amigo, no debemos ponernos tristes, este amigo tendrá una vida mejor con una familia que lo quiera y también nos vendrá a visitar a menudo, así que no se depriman que uno debe ser feliz por que el otro es feliz.
Todos los niños asintieron con la cabeza y se fueron levantando, cada uno llevaba su plato y algo más a la cocina y lo guardaban o se lo daban a Gabriel y Ludvig para que lo lavaran.
La joven rubia avanzó por la habitación y abrió las cortinas, luego dijo:
-Niñas, el desayuno está listo. ¡Hay panqueques!
Una a una se fueron levantando, saludaron a Rose y se fueron a las duchas.
Cuando finalmente convencieron a los seis que se bañaban de que dejaran pasar al resto, Timo avanzó desnudo por la habitación y fue a su closet.
Rose pasó por el pasillo y vio por la puerta abierta:
-¡TIMOTEO! ¡Procura cerrar la puerta antes de circular así por el cuarto!- dijo Rose cerrando la puerta rápidamente y bajando las escaleras.
El chico se ruborizó y formuló una sonrisa, luego abrió su guardarropa. Pantalones de cotelé, jeans y buzos predominaban en el closet, que no era sólo suyo, compartía con Brent Foller, Seth Goldfield, Ray Mastin y Gabriel Osuna, los tres primeros eran los más amigos de Timo, en cambio, Gabriel, era más conflictivo pero simpático a la vez, en el pasado, era drogadicto y llegó al orfanato con 13 años y con una pila de problemas, pero Philip supo lidiar con él y lo convirtió en un niño normal como es ahora, con 16 años, pero igual Gabriel sigue teniendo problemas de conducta y personalidad. Con el que más tiene roces es con Timo.
-Brent me voy a poner tus jeans gastados- le dijo Timo cuando su amigo venía envuelto con una toalla como una falda.
-OK, yo me voy a poner tu camisa con cuadros azules.
-Si claro, no hay problema..
Timo sacó un pantalón de jeans y una polera celeste, iba poniéndose las zapatillas cuando Gabriel vestido aún con pijama le dijo:
-Fuentealba sácate mis pantalones
-¡Pero si son de Seth!
-No, esos son los míos, ahora sácatelos o les vas a dejar tu olor a trasero.
-¡Que buena idea!- Timo salió corriendo de la habitación hacia el primer piso, Gabriel lo seguía pero a paso más lento pues era más pequeño aunque tenía dos años más que él- ¡A ver si me alcanzas!- el chico rubio corrió por el comedor, y el de pelo negro lo seguía enfurecido.
-A ver, a ver ¿Qué pasa aquí?- Philip apareció por la puerta del comedor, vestido y peinado, los miraba con cara de reproche.
-Lo mismo de siempre tío Philip- dijo Marisa que estaba sentada en una silla de la mesa esperando a que llegaran todos a sentarse.
-¡Timoteo se puso mis pantalones!
-Pero si aquí nada tiene nombre, Gabriel- dijo Philip comprendiendo la situación.
-Si me da lo mismo prestárselos pero hoy voy a ver a mi tía abuela.
-Si lo sé, ¿Qué tiene que ver?- preguntó el tutor desconcertado.
-¡Me los regaló ella!
-Timo sácatelos enseguida.
-A sus órdenes capitán- respondió el chico y con su cualidad de bromista, se sacó los pantalones ahí mismo y caminó por el comedor en calzoncillos. Philip corrió a taparle los ojos a Marisa que quedó estupefacta y añadió:
-¡No me refería a TAN enseguida! Póntelos de nuevo y sácatelos arriba.
Brent venía entrando al comedor cuando vio a Timo y dijo:
-¡Woow! ¿A qué jugamos?- luego añadió- Timo creo que mis pantalones de jeans gastados están en el lavadero.
-Corre hasta allí sin que nadie te vea si no quieres que te castigue severamente- le reprochó Philip aún tapándole los ojos a Marisa.
Cuando Timo volvió al comedor habían llegado un par de niños y niñas, esperaban a que todos llegaran a desayunar para no ser descorteses. La mesa era muy larga, cabían exactamente 35 personas, los 17 niños, las 16 niñas, Philip y Rose. Seth moviendo su cabellera anaranjada contaba cuando habían sentados y cuando terminó, exclamó:
-¡Somos justo 10! Nos alcanzan los panqueques.
-Era una broma, Seth, hay 35 panqueques.
Todos los hombres que estaban sentados, Brent, Seth, Timo y Gabriel la miraron con cara de enojo.
-¿Porqué nos dijiste eso?
-¡Es la única forma de que salgan de la cama!
Luego de un par de minutos, fueron bajando cada vez más niños. Richard Marcano, Glenn Robebook, Cristina Forré, Pietra Poisson, Kyle Hazen, Rory Neary, Chad Waits eran algunos de los niños que estaban ya sentados, Rose los contó a todos y eran 32, faltaba uno.
-Kyle, ¿Y tu hermano?
-Ah, se me olvida que no sabe vestirse.
Rose y Kyle subieron al segundo piso y bajaron luego de algunos minutos con Alfred, tenía cuatro años y era el menor del orfanato, movía su pelo negro y parecía un muñequito lindo. Kyle buscó un cojín y se lo puso en la silla a Alfred para que no estuviera tan bajo y se sentó al lado.
-¿Cómo durmieron mis pichones?- preguntó Philip, contento.
-Bieeeen- respondieron al unísono los más pequeños.
Todos empezaron a comer y se escuchaba por todos lados:
-Chad pásame un pan, por favor.
-Cristina tírame un panqueque.
-Ponle mermelada, Glenn, y me la pasas por favor.
-¿Quién quiere leche?
-¡Yo quiero de frutilla!
-¡No seas asqueroso, Richard, lávate las manos después de sacarte un moco!
Así eran las comidas en el orfanato, todos juntos como una gran familia. Los alimentos venían de donaciones de compañías y otras industrias, así se lograba que todos comieran hasta saciarse.
Cuando todos terminaron, Gabriel y Ludvig tenían que lavar porque lo hacían de voluntarios, ellos preferían lavar a levantarse temprano a preparar el desayuno. Ambos se estaban levantando de la mesa cuando Philip dijo:
-No, por favor, siéntense todos, tengo algo que decirles.
Rose tuvo un mal presentimiento e intentó codear a Philip para que no diga nada, pero Philip no le importó y continuó:
-Mañana vienen unos padres, quieren adoptar a alguien.
Todos los niños lo miraron de frente y abrieron mucho los ojos
-¿De qué edad?- dijo Ludvig.
-No lo sé, dijeron que depende del niño, así que mañana quiero que todos estén arreglados para dar una buena impresión y de paso, que quieran adoptar a uno más. Quiero decirles que si se nos va un amigo, no debemos ponernos tristes, este amigo tendrá una vida mejor con una familia que lo quiera y también nos vendrá a visitar a menudo, así que no se depriman que uno debe ser feliz por que el otro es feliz.
Todos los niños asintieron con la cabeza y se fueron levantando, cada uno llevaba su plato y algo más a la cocina y lo guardaban o se lo daban a Gabriel y Ludvig para que lo lavaran.
lunes 5 de enero de 2009
Cigarrillos
Todo parecía tranquilo en el orfanato Peter John Stravuc, los niños dormían, las velas alumbraban lo suficiente para distinguir las puertas de las habitaciones y el desayuno estaba listo para servir el día siguiente. Pero alguien no estaba tan tranquilo, Philip Wonner estaba sentado en una oficina del orfanato, impaciente, mirando el reloj y leyendo el periódico. Era un joven de no más de 25 años, pelo marrón y piel blanca, vestía una camisa a rayas y unos jeans sueltos.
Sobre la mesa tenía algunos archivos de la organización, llegaban cada vez mas jóvenes al orfanato, debían hacer modificaciones si querían aceptarlos a todos. Los otros orfanatos de Nueva York eran mas sencillos y precarios, los niños vivían en pésimas condiciones y se les maltrataba, pero esta institución era muy distinta, se les trataba bien, les subían el ánimo y los incitaban a estudiar. El encargado de todo este proyecto era Philip, un voluntario dedicado a la labor, el recibía el dinero del dueño del recinto y lo distribuía para las necesidades de los niños. Encargado de muchas obras de caridad, Philip se las arreglaba para que nunca faltara dinero y se encargaba de que todo funcionara bien.
El teléfono comenzó a sonar.
-¿Aló? ¿Si? ¿Diga?- dijo Philip nervioso.
-¿Hablo con el dueño del orfanato Peter John Stravuc?
-No, soy el encargado, pero dígame nada más. ¿De dónde llama?- preguntó Phillip sospechando completamente de cual sería la respuesta.
-De la comisaría de la quinta avenida, le llamo por Timoteo Fuentealba- dijo el oficial
-Ah, que bueno- dijo Philip soltando un suspiro- ¿Y está bien? ¿Qué hizo esta vez?
-Lo encontramos robando cigarros en una gasolinera, luego salió corriendo y se escondió en una casa. Es muy ágil, ¿Sabe?
-¿Cigarros? Que extraño. Si, si, es muy ágil, pero no se si es bueno ser ágil con la policía. Ya voy para allá, no deje que se vaya
-Aquí lo esperaremos- dijo el oficial al mismo tiempo que Philip colgaba el teléfono.
Era la cuarta vez en la semana que llamaban de una comisaría preguntand
o por Timoteo, ya casi se volvió una rutina para Philip salir cada noche en su coche para traer al joven devuelta a casa. Pero esta vez seria distinto, iría caminando. Philip fue a revisar los dormitorios para verificar que todo estuviera bien, caminó por el pasillo y subió las escaleras, al llegar a la primera puerta entró al cuarto de los hombres. Eran 8 camarotes distribuidos por la habitación, de una madera que combinaba con el piso, con las blancas paredes y con las azules cortinas. Era una habitación bonita. Además de los camarotes, había una cama hecha de la misma madera. Esa era la única cama vacía. Todos los adolescentes y niños respiraban tranquila y profundamente, todo estaba en paz. Philip cerró la puerta y siguió por el pasillo, esta vez giró a la izquierda, allí estaba la puerta de las mujeres. Un dormitorio igual al anterior pero con tonos rosados, aquí no sobraba ninguna cama, eran 8 camarotes nada más. Todas las niñas dormían profundamente, no había nada de qué preocuparse. Philip bajó las escaleras y antes de salir de la casa tomó una tiza y escribió en la pizarra negra que estaba en el pasillo: “A Gretel, Marisa, Dincon y Ronnie les toca hacer el desayuno”. Luego tomó su chaqueta y salió a la calle, el cielo estaba estrellado y la luna iluminaba las frías calles de Nueva York. Philip caminó hasta la esquina, luego dobló a la izquierda y se dirigió a la quinta avenida donde estaba la comisaría. Cuando iba hacia la mitad de la calle se le acercó un muchacho.
-Si me quieres robar, no llevo nada conmigo- dijo Philip sacando sus bolsillos afuera y mirándolo de frente.
-Tranquilo, calmado perro- respondió el adolescente, debía tener no más de 16 años, llevaba un polerón negro con capucha y un jockey- Tu eres Phillip ¿No?
-Si, ese es mi nombre, ¿Dónde están tus padres?- dijo el encargado del orfanato, dispuesto a hacerle un espacio en su institución.
-Eso no te incumbe, toma- dijo el joven entregándole un billete de cinco dólares- entrégaselos a ese tal Fuentealba y dale las gracias de mi parte. No te lo quedes tú, perro, que o sino ya verás.
-Tranquilo tengo mi propio dinero, ahora, ¿Puedes decirme quien es el gentil que le envía esto a Timoteo?- dijo Philip en tono irónico.
-Dile que es un placer para DJ-Narvax hacer trámites con él, que me contacte más seguido- dijo Narvax, luego sacó un cigarro y lo prendió, fumando se alejó caminando por un callejón.
Philip siguió caminando por la calle, cuando llegó a la esquina se distinguió el letrero que salía “Quinta avenida”, giró a la derecha y comenzó a buscar la comisaría. Luego de un rato la encontró y tocando la puerta lo invitaron a entrar.
Ahí estaba Timo, un chico alto y delgado con su pelo muy rubio o casi blanco, sentado en una silla con la misma ropa que había salido en la tarde, una polera blanca y unos pantalones de cotelé cafés, la diferencia es que ahora su ropa estaba bastante sucia. La comisaría estaba casi vacía excepto por una señora que hablaba con el oficial en el aparador. Philip se sentó al lado de Timo.
-¿Porqué cigarros? Tú no fumas- dijo seguro el tutor, pero para asegurarse lo olió discretamente. Timo no abrió la boca ni se giró para mirarlo, estaba muy avergonzado para decir algo y también estaba esperando para que Philip lo regañara más.
Mientras esperaban a que el oficial se desocupara pasaron unos largos minutos, hasta que Timo de decidió a abrir la boca.
-Lamento mucho haberte decepcionado, Philip, de nuevo- dijo Timo mientras seguía mirando el piso.
-El primer paso es aceptarlo, ahora tu debes saber cual es el segundo- respondió el tutor- Te explicaré mejor en casa, estás congelado, cómo no se te ocurre salir con algo, estamos en pleno invierno- Timo de nuevo no dijo nada, no le gustaba que le dijeran que se había equivocado, Philip le pasó su chaqueta para que se abrigara.
La señora que hablaba con el oficial salió de la comisaría con cara de disgusto y el oficial se desocupó.
-¡Oh! A quien tenemos aquí, ¿Es usted el tutor de este chico?- dijo el policía mientras movía su regordeta panza.
-Si, siento mucho lo que pasó- dijo Philip acercándose con Timo al aparador.
-Ah, no te preocupes, Timoteo ya se ha disculpado, lo que me preocupa es su historial- dijo el oficial entregándole un documento a Philip, éste le dio un vistazo rápido y codeó a Timo para que dijera algo.
-Eh- el chico titubeó- le prometo que no volverá a pasar.
-Eso espero chico, mire señor… - se interrumpió- disculpe, ¿Cuál es su nombre?
-Philip Wonner
-Mire Philip, encontramos a Timoteo robando unos cigarros en la gasolinera, salió discretamente pero uno de nuestros oficiales lo vio, después corrió como endemoniado y no lo pillamos ni en las motos. Se metió a una casa vacíay lo acorralamos luego cuando ya iba en las calles contiguas a la casa. Él me explicó que no ha podido dejar el vicio del cigarro y que lo robó en un acto de desesperación, pero que lo botó cuando iba en el camino porque sabía que había hecho mal. Encuentro bueno que acepte que es un adicto ¿No?- dijo el oficial mientras Philip afirmaba con la cabeza y Timo también. Pero Philip sabía muy bien que era una mentira- Luego nos entretuvo a todos los oficiales con chistes muy buenos, nos reímos a carcajadas, tiene mucha personalidad el chico- aseguraba el oficial mientras miraba a Timo y éste le sonreía de vuelta. -Bueno eso sería todo, por favor échele mas ojo para que no cometa el mismo error de nuevo.
-Si oficial no se preocupe. ¿Me puedo quedar con el historial?- preguntó Philip.
-Claro, yo saco otra copia luego
-Adiós oficial McKinnon, despídase de mi parte de Hettwer y Jansen- dijo Timo, él se había hecho amigo de todos los oficiales de la comisaria, ese era un talento del niño, siempre caía bien si esque él queria que fuera así.
-Si claro, yo les digo cuando vuelvan de la ronda y Timo, espero no volverte a ver por aquí- dijo el oficial McKinnon entre risas.
Salieron de la comisaría y doblaron en la esquina por la calle donde Philip había llegado.
-Es la cuarta vez esta semana ¿Por qué lo hiciste de nuevo? - le preguntó Philip con un tono de preocupación en su voz. Timo no respondió, se metió las manos en los bolsillos y siguió callado- Tú ni siquiera fumas Timoteo.
Siguieron caminando por la calle y pasaron al lado del callejón donde DJ-Narvax le había pasado el dinero a Philip.
-Toma- dijo Philip entregándole el billete de cinco dólares a Timo- te lo envía Narvax- Timo abrió mucho los ojos al ver el billete y se los guardó, luego Philip añadió:
-Aunque no sé de qué te sirve el dinero sucio.
-¿Porqué crees que es dinero sucio?- dijo el chico, no miraba a Philip, continuaba observando el piso.
-Timo, a los oficiales puedes cotillearles, a tus negociantes puedes chantajearles, pero a mí no me engañas- dijo Philip con tono serio.
-Dijiste que hablaríamos en casa- dijo Timo, ésta vez si le miró a los ojos, pero solo un segundo y luego volvió a mirar el piso. Pero ese instante bastó para que Philip notara como resbalaba una gota de tristeza por la cara del chico.
Continuaron caminando, doblaron a la derecha, cruzaron la calle y llegaron al edificio del orfanato. Philip abrió la puerta y colgó la chaqueta que llevaba puesta Timo.
-¿Quieres un café? Estas congelado, quiero que hablemos en mi oficina.
-El café me desvela, mejor chocolate caliente… ¿Lo preparo yo?
-No te preocupes, ve a ponerte pijama y vuelve abajo, ahí hablamos- dijo Philip, Timo subió las escaleras hacia el dormitorio, mientras, el tutor se acercó a su chaqueta y la olió, no había rastros de olor a cigarros ni nada extraño. Luego volvió a la cocina a terminar de preparar un café para él y una taza de chocolate caliente para Timo que vendría con su pijama puesto, ellos tenían mucha confianza como para hablar de igual a igual, pero sin embargo Timo nunca le contaba todo, era bastante inteligente y sabía ocultar las cosas, pero Philip siempre lo descubría al rato.
Se escuchó un crujir y luego apareció Timo en el umbral de la puerta de la cocina, llevaba una sudadera blanca y unos pantaloncillos escoceses de color azul, también usaba unos calcetines azules de duende que le había regalado Philip a todos los niños del orfanato para Navidad, Timo en cambio, le regaló un reloj de bolsillo comprado con su propio dinero, pero era obvio que el dinero venía de algo extraño.
Timo tomó su café caliente y se lo llevo a la oficina de Philip y éste lo siguió. El chico se sentó en un sillón frente al escritorio del tutor
y Philip se sentó en su escritorio, dejó el historial de Timo bocabajo y lo miró de frente.
-¿Está bien el chocolate? No le puse azúcar-dijo Philip.
-Si, si, me gusta más así, la dulzura se la agrego yo- dijo riendo a lo que Philip también contagió, si Timo reía, todos reían.
-Llamaron en la tarde del orfanato NY West Side diciendo que se te quedaron unas zapatillas
-¡Ah! Que bien, pensé que las perdería para siempre, pero eso fue hace mucho… ¿Cómo supieron que eran mías?
-No lo sé, quizás por el olor a queso- dijo Philip, ambos rieron- ese orfanato está cada vez peor, después de que te fuiste empeoraron, ahora no tienen alimentos y dicen los niños que no los tratan bien.
-Bueno, si tu sabes que a mi me echaron porque me oponía a lavar los pisos todos los días, aparte que me escapaba-dijo sonriendo, Timo al ver que Philip no le gustó el comentario, agregó- pero ya no más, salgo solo si tú me das permiso.
-Si, mas te vale chico. Pero no me gusta que llegues tan tarde.
-¡Pero si son las 23:30!-dijo Timo exaltado.
-Bueno pero tus compañeros de cuarto duermen desde las 21:00
-Si, claro, pero es porque son puros niños.
-¿Me vas a decir que Ludvig es niño?-preguntó Philip, Ludvig era un chico que llevaba mucho tiempo en el orfanato, ya iba a cumplir 17 y medía casi dos metros- Además, tienes que estudiar para el regreso a clases, no quiero que te vaya mal este año, estuviste muy flojo el año pasado y no me gusta nada eso.
-Tranquilo, hombre, si el año pasado tuve muchos problemas, instituto nuevo, orfanatos nuevos y bueno, tú sabes.
El año pasado fue duro para Timo, lo expulsaron de su escuela anterior, se tuvo que ir a un instituto y al mismo tiempo lo rechazaron en el orfanato donde debía ir ese año, tuvo que buscar otros lugares donde estar mientras, hasta que lo aceptaron en el NY West Side. Además a fin de año le avisaron que lo expulsaron de su instituto y también del orfanato. Fue allí, como en Agosto cuando se vino a Peter John Stravuc donde Philip le ha inculcado la responsabilidad y otros tipos de valores al chico, pero igual sigue siendo un rebelde al extremo.
-Timoteo- Philip solo lo llamaba por su nombre cuando iba en serio- quiero que este año te esfuerces y por favor no hagas más maldades, explícame. ¿Porqué robaste los cigarros si ni siquiera te gustan?
Timo se puso serio y tomó de su chocolate, luego miró hacia abajo y no dijo nada.
-Vamos Timo, a mí me lo puedes decir, no soy como los otros tutores que tuviste en el pasado, sea lo que sea que me digas no te dejaré durmiendo en la calle, eres mi pupilo- dijo Philip mirándolo a lo ojos, Timo lo miraba de frente. Siempre había tenido miedo al rechazo, el chico cuando tenía como nueve años le había contado toda su vida a un tutor de uno de los orfanatos y éste al día siguiente lo echó. Desde ahí que Timo ya no confía mucho de los mayores.
-Bueno… en realidad, no boté los cigarros en el camino y… -se rascó la frente- tampoco soy adicto ni fumo, tú lo sabes.
Pasaron unos largos minutos y Philip se terminó el café mientras Timo comenzó a jugar con lo que le quedaba de chocolate. Philip lo miró y el chico le sonrió, pero Philip mantuvo su semblante serio.
-¿Eso es todo lo que me pretendes decir?- le preguntó el tutor.
-Ehem… -titubeó- Si.
-¿No me vas a decir que le vendiste a ese tal “Narvax” los cigarros como un traficante?-Timo lo miró, en sus ojos celestes, casi transparentes, se reflejaba la mentira descubierta.
-Pero si yo…- Timo intento contradecir pero se dio cuenta que no habría resultado, Philip estaba segurísimo- ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo dijo él?
-No hay que ser muy inteligente para darse cuenta, el lunes hiciste algo parecido ¿No? Cuando te fui a buscar a la comisaría de fuera de la ciudad te habías robado licor, pero no tenías olor. ¿Porqué haces esto Timo?- el chico bajó la cabeza, estaba demasiado avergonzado, al fin Philip lo había descubierto, luego de meses de hacer lo mismo, Timo comenzó a llorar, en silencio, mantenía la cabeza gacha para que Philip no lo viera, luego el tutor añadió- Timo, por favor, cuéntame.
-Es que- Timo se secó las lágrimas y se calmó, luego se enderezó y comenzó a hablar- siempre me he sentido muy solo, toda mi vida, entonces me…-carraspeó- me gusta tener cosas, cosas que me identifiquen y así saber quién soy, como me siento vacío necesito comprar cosas, zapatillas, mochilas, relojes, lo que sea… Es algo que no sé como saciar. Entonces como sería muy grave robar algo tan grande cómo unas zapatillas o algo por el estilo, robo pequeñas cosas insignificantes para que otros me las compren.
-Justo como lo pensé- dijo Philip- Timo, quiero que estés tranquilo, yo te voy a ayudar a saciar ese vacío, encontraré la forma, créeme. Pero, no quiero que sigas robando, te hace mal, sé que no te gusta pero como eres adolescente te dan esas ganas de hacer todo lo indebido, así que, si es muy grave y necesitas salir y hacer maldades, me avisas y las hacemos juntos.
Timo ante esas palabras se quedó pasmado, no pensó que su tutor reaccionaria tan bien, luego
Sobre la mesa tenía algunos archivos de la organización, llegaban cada vez mas jóvenes al orfanato, debían hacer modificaciones si querían aceptarlos a todos. Los otros orfanatos de Nueva York eran mas sencillos y precarios, los niños vivían en pésimas condiciones y se les maltrataba, pero esta institución era muy distinta, se les trataba bien, les subían el ánimo y los incitaban a estudiar. El encargado de todo este proyecto era Philip, un voluntario dedicado a la labor, el recibía el dinero del dueño del recinto y lo distribuía para las necesidades de los niños. Encargado de muchas obras de caridad, Philip se las arreglaba para que nunca faltara dinero y se encargaba de que todo funcionara bien.
El teléfono comenzó a sonar.
-¿Aló? ¿Si? ¿Diga?- dijo Philip nervioso.
-¿Hablo con el dueño del orfanato Peter John Stravuc?
-No, soy el encargado, pero dígame nada más. ¿De dónde llama?- preguntó Phillip sospechando completamente de cual sería la respuesta.
-De la comisaría de la quinta avenida, le llamo por Timoteo Fuentealba- dijo el oficial
-Ah, que bueno- dijo Philip soltando un suspiro- ¿Y está bien? ¿Qué hizo esta vez?
-Lo encontramos robando cigarros en una gasolinera, luego salió corriendo y se escondió en una casa. Es muy ágil, ¿Sabe?
-¿Cigarros? Que extraño. Si, si, es muy ágil, pero no se si es bueno ser ágil con la policía. Ya voy para allá, no deje que se vaya
-Aquí lo esperaremos- dijo el oficial al mismo tiempo que Philip colgaba el teléfono.
Era la cuarta vez en la semana que llamaban de una comisaría preguntand
o por Timoteo, ya casi se volvió una rutina para Philip salir cada noche en su coche para traer al joven devuelta a casa. Pero esta vez seria distinto, iría caminando. Philip fue a revisar los dormitorios para verificar que todo estuviera bien, caminó por el pasillo y subió las escaleras, al llegar a la primera puerta entró al cuarto de los hombres. Eran 8 camarotes distribuidos por la habitación, de una madera que combinaba con el piso, con las blancas paredes y con las azules cortinas. Era una habitación bonita. Además de los camarotes, había una cama hecha de la misma madera. Esa era la única cama vacía. Todos los adolescentes y niños respiraban tranquila y profundamente, todo estaba en paz. Philip cerró la puerta y siguió por el pasillo, esta vez giró a la izquierda, allí estaba la puerta de las mujeres. Un dormitorio igual al anterior pero con tonos rosados, aquí no sobraba ninguna cama, eran 8 camarotes nada más. Todas las niñas dormían profundamente, no había nada de qué preocuparse. Philip bajó las escaleras y antes de salir de la casa tomó una tiza y escribió en la pizarra negra que estaba en el pasillo: “A Gretel, Marisa, Dincon y Ronnie les toca hacer el desayuno”. Luego tomó su chaqueta y salió a la calle, el cielo estaba estrellado y la luna iluminaba las frías calles de Nueva York. Philip caminó hasta la esquina, luego dobló a la izquierda y se dirigió a la quinta avenida donde estaba la comisaría. Cuando iba hacia la mitad de la calle se le acercó un muchacho.-Si me quieres robar, no llevo nada conmigo- dijo Philip sacando sus bolsillos afuera y mirándolo de frente.
-Tranquilo, calmado perro- respondió el adolescente, debía tener no más de 16 años, llevaba un polerón negro con capucha y un jockey- Tu eres Phillip ¿No?
-Si, ese es mi nombre, ¿Dónde están tus padres?- dijo el encargado del orfanato, dispuesto a hacerle un espacio en su institución.
-Eso no te incumbe, toma- dijo el joven entregándole un billete de cinco dólares- entrégaselos a ese tal Fuentealba y dale las gracias de mi parte. No te lo quedes tú, perro, que o sino ya verás.
-Tranquilo tengo mi propio dinero, ahora, ¿Puedes decirme quien es el gentil que le envía esto a Timoteo?- dijo Philip en tono irónico.
-Dile que es un placer para DJ-Narvax hacer trámites con él, que me contacte más seguido- dijo Narvax, luego sacó un cigarro y lo prendió, fumando se alejó caminando por un callejón.
Philip siguió caminando por la calle, cuando llegó a la esquina se distinguió el letrero que salía “Quinta avenida”, giró a la derecha y comenzó a buscar la comisaría. Luego de un rato la encontró y tocando la puerta lo invitaron a entrar.
Ahí estaba Timo, un chico alto y delgado con su pelo muy rubio o casi blanco, sentado en una silla con la misma ropa que había salido en la tarde, una polera blanca y unos pantalones de cotelé cafés, la diferencia es que ahora su ropa estaba bastante sucia. La comisaría estaba casi vacía excepto por una señora que hablaba con el oficial en el aparador. Philip se sentó al lado de Timo.
-¿Porqué cigarros? Tú no fumas- dijo seguro el tutor, pero para asegurarse lo olió discretamente. Timo no abrió la boca ni se giró para mirarlo, estaba muy avergonzado para decir algo y también estaba esperando para que Philip lo regañara más.
Mientras esperaban a que el oficial se desocupara pasaron unos largos minutos, hasta que Timo de decidió a abrir la boca.
-Lamento mucho haberte decepcionado, Philip, de nuevo- dijo Timo mientras seguía mirando el piso.
-El primer paso es aceptarlo, ahora tu debes saber cual es el segundo- respondió el tutor- Te explicaré mejor en casa, estás congelado, cómo no se te ocurre salir con algo, estamos en pleno invierno- Timo de nuevo no dijo nada, no le gustaba que le dijeran que se había equivocado, Philip le pasó su chaqueta para que se abrigara.
La señora que hablaba con el oficial salió de la comisaría con cara de disgusto y el oficial se desocupó.
-¡Oh! A quien tenemos aquí, ¿Es usted el tutor de este chico?- dijo el policía mientras movía su regordeta panza.
-Si, siento mucho lo que pasó- dijo Philip acercándose con Timo al aparador.
-Ah, no te preocupes, Timoteo ya se ha disculpado, lo que me preocupa es su historial- dijo el oficial entregándole un documento a Philip, éste le dio un vistazo rápido y codeó a Timo para que dijera algo.
-Eh- el chico titubeó- le prometo que no volverá a pasar.
-Eso espero chico, mire señor… - se interrumpió- disculpe, ¿Cuál es su nombre?
-Philip Wonner
-Mire Philip, encontramos a Timoteo robando unos cigarros en la gasolinera, salió discretamente pero uno de nuestros oficiales lo vio, después corrió como endemoniado y no lo pillamos ni en las motos. Se metió a una casa vacía
-Si oficial no se preocupe. ¿Me puedo quedar con el historial?- preguntó Philip.
-Claro, yo saco otra copia luego
-Adiós oficial McKinnon, despídase de mi parte de Hettwer y Jansen- dijo Timo, él se había hecho amigo de todos los oficiales de la comisaria, ese era un talento del niño, siempre caía bien si esque él queria que fuera así.
-Si claro, yo les digo cuando vuelvan de la ronda y Timo, espero no volverte a ver por aquí- dijo el oficial McKinnon entre risas.
Salieron de la comisaría y doblaron en la esquina por la calle donde Philip había llegado.
-Es la cuarta vez esta semana ¿Por qué lo hiciste de nuevo? - le preguntó Philip con un tono de preocupación en su voz. Timo no respondió, se metió las manos en los bolsillos y siguió callado- Tú ni siquiera fumas Timoteo.
Siguieron caminando por la calle y pasaron al lado del callejón donde DJ-Narvax le había pasado el dinero a Philip.
-Toma- dijo Philip entregándole el billete de cinco dólares a Timo- te lo envía Narvax- Timo abrió mucho los ojos al ver el billete y se los guardó, luego Philip añadió:
-Aunque no sé de qué te sirve el dinero sucio.
-¿Porqué crees que es dinero sucio?- dijo el chico, no miraba a Philip, continuaba observando el piso.
-Timo, a los oficiales puedes cotillearles, a tus negociantes puedes chantajearles, pero a mí no me engañas- dijo Philip con tono serio.
-Dijiste que hablaríamos en casa- dijo Timo, ésta vez si le miró a los ojos, pero solo un segundo y luego volvió a mirar el piso. Pero ese instante bastó para que Philip notara como resbalaba una gota de tristeza por la cara del chico.
Continuaron caminando, doblaron a la derecha, cruzaron la calle y llegaron al edificio del orfanato. Philip abrió la puerta y colgó la chaqueta que llevaba puesta Timo.
-¿Quieres un café? Estas congelado, quiero que hablemos en mi oficina.
-El café me desvela, mejor chocolate caliente… ¿Lo preparo yo?
-No te preocupes, ve a ponerte pijama y vuelve abajo, ahí hablamos- dijo Philip, Timo subió las escaleras hacia el dormitorio, mientras, el tutor se acercó a su chaqueta y la olió, no había rastros de olor a cigarros ni nada extraño. Luego volvió a la cocina a terminar de preparar un café para él y una taza de chocolate caliente para Timo que vendría con su pijama puesto, ellos tenían mucha confianza como para hablar de igual a igual, pero sin embargo Timo nunca le contaba todo, era bastante inteligente y sabía ocultar las cosas, pero Philip siempre lo descubría al rato.
Se escuchó un crujir y luego apareció Timo en el umbral de la puerta de la cocina, llevaba una sudadera blanca y unos pantaloncillos escoceses de color azul, también usaba unos calcetines azules de duende que le había regalado Philip a todos los niños del orfanato para Navidad, Timo en cambio, le regaló un reloj de bolsillo comprado con su propio dinero, pero era obvio que el dinero venía de algo extraño.
Timo tomó su café caliente y se lo llevo a la oficina de Philip y éste lo siguió. El chico se sentó en un sillón frente al escritorio del tutor
y Philip se sentó en su escritorio, dejó el historial de Timo bocabajo y lo miró de frente.
-¿Está bien el chocolate? No le puse azúcar-dijo Philip.
-Si, si, me gusta más así, la dulzura se la agrego yo- dijo riendo a lo que Philip también contagió, si Timo reía, todos reían.
-Llamaron en la tarde del orfanato NY West Side diciendo que se te quedaron unas zapatillas
-¡Ah! Que bien, pensé que las perdería para siempre, pero eso fue hace mucho… ¿Cómo supieron que eran mías?
-No lo sé, quizás por el olor a queso- dijo Philip, ambos rieron- ese orfanato está cada vez peor, después de que te fuiste empeoraron, ahora no tienen alimentos y dicen los niños que no los tratan bien.
-Bueno, si tu sabes que a mi me echaron porque me oponía a lavar los pisos todos los días, aparte que me escapaba-dijo sonriendo, Timo al ver que Philip no le gustó el comentario, agregó- pero ya no más, salgo solo si tú me das permiso.
-Si, mas te vale chico. Pero no me gusta que llegues tan tarde.
-¡Pero si son las 23:30!-dijo Timo exaltado.
-Bueno pero tus compañeros de cuarto duermen desde las 21:00
-Si, claro, pero es porque son puros niños.
-¿Me vas a decir que Ludvig es niño?-preguntó Philip, Ludvig era un chico que llevaba mucho tiempo en el orfanato, ya iba a cumplir 17 y medía casi dos metros- Además, tienes que estudiar para el regreso a clases, no quiero que te vaya mal este año, estuviste muy flojo el año pasado y no me gusta nada eso.
-Tranquilo, hombre, si el año pasado tuve muchos problemas, instituto nuevo, orfanatos nuevos y bueno, tú sabes.
El año pasado fue duro para Timo, lo expulsaron de su escuela anterior, se tuvo que ir a un instituto y al mismo tiempo lo rechazaron en el orfanato donde debía ir ese año, tuvo que buscar otros lugares donde estar mientras, hasta que lo aceptaron en el NY West Side. Además a fin de año le avisaron que lo expulsaron de su instituto y también del orfanato. Fue allí, como en Agosto cuando se vino a Peter John Stravuc donde Philip le ha inculcado la responsabilidad y otros tipos de valores al chico, pero igual sigue siendo un rebelde al extremo.
-Timoteo- Philip solo lo llamaba por su nombre cuando iba en serio- quiero que este año te esfuerces y por favor no hagas más maldades, explícame. ¿Porqué robaste los cigarros si ni siquiera te gustan?
Timo se puso serio y tomó de su chocolate, luego miró hacia abajo y no dijo nada.
-Vamos Timo, a mí me lo puedes decir, no soy como los otros tutores que tuviste en el pasado, sea lo que sea que me digas no te dejaré durmiendo en la calle, eres mi pupilo- dijo Philip mirándolo a lo ojos, Timo lo miraba de frente. Siempre había tenido miedo al rechazo, el chico cuando tenía como nueve años le había contado toda su vida a un tutor de uno de los orfanatos y éste al día siguiente lo echó. Desde ahí que Timo ya no confía mucho de los mayores.
-Bueno… en realidad, no boté los cigarros en el camino y… -se rascó la frente- tampoco soy adicto ni fumo, tú lo sabes.
Pasaron unos largos minutos y Philip se terminó el café mientras Timo comenzó a jugar con lo que le quedaba de chocolate. Philip lo miró y el chico le sonrió, pero Philip mantuvo su semblante serio.
-¿Eso es todo lo que me pretendes decir?- le preguntó el tutor.
-Ehem… -titubeó- Si.
-¿No me vas a decir que le vendiste a ese tal “Narvax” los cigarros como un traficante?-Timo lo miró, en sus ojos celestes, casi transparentes, se reflejaba la mentira descubierta.
-Pero si yo…- Timo intento contradecir pero se dio cuenta que no habría resultado, Philip estaba segurísimo- ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo dijo él?
-No hay que ser muy inteligente para darse cuenta, el lunes hiciste algo parecido ¿No? Cuando te fui a buscar a la comisaría de fuera de la ciudad te habías robado licor, pero no tenías olor. ¿Porqué haces esto Timo?- el chico bajó la cabeza, estaba demasiado avergonzado, al fin Philip lo había descubierto, luego de meses de hacer lo mismo, Timo comenzó a llorar, en silencio, mantenía la cabeza gacha para que Philip no lo viera, luego el tutor añadió- Timo, por favor, cuéntame.
-Es que- Timo se secó las lágrimas y se calmó, luego se enderezó y comenzó a hablar- siempre me he sentido muy solo, toda mi vida, entonces me…-carraspeó- me gusta tener cosas, cosas que me identifiquen y así saber quién soy, como me siento vacío necesito comprar cosas, zapatillas, mochilas, relojes, lo que sea… Es algo que no sé como saciar. Entonces como sería muy grave robar algo tan grande cómo unas zapatillas o algo por el estilo, robo pequeñas cosas insignificantes para que otros me las compren.
-Justo como lo pensé- dijo Philip- Timo, quiero que estés tranquilo, yo te voy a ayudar a saciar ese vacío, encontraré la forma, créeme. Pero, no quiero que sigas robando, te hace mal, sé que no te gusta pero como eres adolescente te dan esas ganas de hacer todo lo indebido, así que, si es muy grave y necesitas salir y hacer maldades, me avisas y las hacemos juntos.
Timo ante esas palabras se quedó pasmado, no pensó que su tutor reaccionaria tan bien, luego
afirmó con la cabeza, se paró y agregó:
-Ya son las doce de la noche, debo dormir.
-Que bien que te guste dormir mas temprano, Buenas Noches.
-Buenas Noches y, Philip, gracias por entenderme, nunca nadie lo ha hecho.
Philip hizo un gesto con la cabeza de que había comprendido y luego de que el chico desapareciera por el pasillo, suspiró. Luego dio vuelta el historial y comenzó a leer:
“Timoteo Fuentealba nació en Santiago de Chile el 19 de enero de 1994, hijo de madre norteamericana, vivió desde los 6 meses en Nueva York. En 1996 murió su madre en un accidente automovilístico. Ese mismo año entró al orfanato John Trevor. Ya cuando tenía cinco años robaba tiendas, casas y autos. En 1999 entra al Instituto N°4 de Nueva York. Allí les robaba o engatusaba a sus compañeros. En 2004 ya había pasado por tres orfanatos y cuatro escuelas distintas. A los 12 años tiene su primera audiencia por robar en una oficina. Fue enviado a un centro de menores siendo el mas joven del recinto. En 2008 entra al orfanato NY West Side y lo expulsan de la escuela. Entra a un nuevo instituto y sus notas son bajas. En Agosto del mismo año lo expulsan del instituto y entra al orfanato Peter John Stravuc.
Última actualización Septiembre de 2008”
-Ya son las doce de la noche, debo dormir.
-Que bien que te guste dormir mas temprano, Buenas Noches.
-Buenas Noches y, Philip, gracias por entenderme, nunca nadie lo ha hecho.
Philip hizo un gesto con la cabeza de que había comprendido y luego de que el chico desapareciera por el pasillo, suspiró. Luego dio vuelta el historial y comenzó a leer:
“Timoteo Fuentealba nació en Santiago de Chile el 19 de enero de 1994, hijo de madre norteamericana, vivió desde los 6 meses en Nueva York. En 1996 murió su madre en un accidente automovilístico. Ese mismo año entró al orfanato John Trevor. Ya cuando tenía cinco años robaba tiendas, casas y autos. En 1999 entra al Instituto N°4 de Nueva York. Allí les robaba o engatusaba a sus compañeros. En 2004 ya había pasado por tres orfanatos y cuatro escuelas distintas. A los 12 años tiene su primera audiencia por robar en una oficina. Fue enviado a un centro de menores siendo el mas joven del recinto. En 2008 entra al orfanato NY West Side y lo expulsan de la escuela. Entra a un nuevo instituto y sus notas son bajas. En Agosto del mismo año lo expulsan del instituto y entra al orfanato Peter John Stravuc.
Última actualización Septiembre de 2008”
Luego de leer, Philip pensó: -Ahora si que tengo claro lo que debo hacer-
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